Ejemplos de salir con los perfiles para las mujeres mayores de 50 años

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Interesante...

2019.06.27 13:45 nco_92UY Interesante...

A raíz de este comentario que hice en el post sobre las teorías conspirativas, se me dio por buscar información, sino no iba a podía dormir anoche, pensando en túneles (muy normal todo), encontré algo muy interesante, escrito por un tal Prof. Marcos Medina (es largo pero vale la pena):

TÚNELES, CRIPTAS, ARROYOS, PERSECUCIONES Y TIROTEOS
HISTORIAS DEL MONTEVIDEO SUBTERRÁNEO
El submundo montevideano no es demasiado diferente de las ficciones terroríficas o las oscuras visiones con las que la literatura y el cine han pintado desde siempre esos reinos plutonianos: mucha piedra, oscuridad, un aspecto laberíntico y, especialmente, un olor infame. Habitado no sólo por bandadas de ratas y por miríadas de cucarachas, sino también por cirujas que "sabían indicar qué caminos seguir y cuántas bocas había que recorrer para llegar a determinado lugar" -como recordó un policía-, y visitado por guerrilleros en la década del 70, y por empleados municipales y algunos pocos curiosos hoy, las cloacas y los subterráneos montevideanos son también una promesa de información aún poco explorada para los historiadores. Esta nota recupera la memoria y el enigma de esos viejos túneles de la ciudad sitiada, los enfrentamientos entre guerrilleros y policías o militares, y los también montevideanos cementerios y arroyos olvidados bajo la faz de la tierra.Como todas las ciudades amuralladas del mundo, Montevideo no fue la excepción en cuanto a la necesidad de vías de escape alternativas, escondites y caminos secretos de abastecimiento. Durante la colonia, Montevideo utilizó varios túneles como una estrategia defensiva ante la eventualidad de un sitio y la necesidad de una rápida huida o un reservado ingreso. Con el tiempo, las nuevas construcciones, las crónicas de época, las sucesivas excavaciones y las esporádicas intervenciones arqueológicas han revelado parte de este pasado.Uno de los túneles de Ciudad Vieja unía el Cabildo y el Fuerte del Gobernador, que estaba erigido en la actual Plaza Zabala. Otro unía el Cabildo con el Cubo del Sur, la última línea de defensa próxima al Parque de Artilleros, ubicado este último debajo de las actuales instalaciones de la sede del sindicato de empleados bancarios (AEBU) en Camacuá y Reconquista. Pudo verse y fotografiarse hasta no hace mucho, parte de su trayecto, hasta que fue tapiado en su parte principal: tiene 15 metros de largo, el alto de una persona y 70 centímetros de ancho. Se dirige desde el subsuelo del Cabildo hacia el mar y corre paralelo a las calles Juncal y Ciudadela. Un sistema de túneles converge en los sótanos del Teatro Solís. Uno de ellos, se dirige hacia la Rambla y tiene una extensión de 200 metros. Los otros, van hacia la Casa de Gobierno, el Cabildo, la vieja muralla y el Cubo del Sur. Hoy son recorridos en trayectos de 15 a 20 metros, luego están tapiados. Escolares y liceales realizan allí frecuentemente visitas guiadas. Un cuarto túnel iba desde la Ciudadela, ubicada en parte de lo que hoy es Plaza Independencia, hacia el Cementerio Central, y tal vez haya sido el más famoso y atrayente de todos; fue allí donde el clérigo y masón Mastai Ferretti enterró un tesoro que creció en joyas, oro y dinero a medida que pasaron los decenios. Fue ese mismo tesoro el buscado por años por las hermanas Massilotti. La leyenda y la avidez popular otorgaron dimensiones y funciones a este corredor hoy perdido bajo tierra. "Siempre se dijo que hay muchos túneles, principalmente en la Ciudad Vieja" explica el arquitectoGustavo Aller, encargado de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia Municipal de Montevideo. Las escasas investigaciones realizadas no han confirmado aún la existencia de una red articulada. "El túnel que nace en el Cabildo llega hasta la peatonal Sarandí. Allí está tapiado. Otra versión que nunca pudo corroborarse indica que el túnel era más extenso pero que fue cerrado durante la dictadura por la psicosis de que los Tupamaros lo pudieran utilizar" indica Aller.

Tres escapes desde la Catedral

Otras vías subterráneas corren a pocos metros de allí. Desde la Catedral Metropolitana, apostada frente al Cabildo, salieron alguna vez tres túneles hacia tres direcciones diferentes. De cualquiera de ellos sólo queda hoy una versión anterior o el resto de una entrada tapiada que pudo ser su ingreso.Gonzalo Estévez, párroco de la Catedral, afirma que uno de ellos debía dirigirse al Cabildo, otro al Fuerte del Gobernador y un tercero hacia el Cubo del Sur. Las galerías debajo de Ciudad Vieja parecen no tener fin. Un verdadero pasaje subterráneo conectó en el siglo pasado el casco de la ciudad colonial con la actual calle Pozos del Rey, a pocas cuadras de la Estación Central de AFE, donde se abastecía de agua a la ciudad. Como otros, fue tapiado o simplemente sucumbió debajo de dos siglos de construcciones y demoliciones. La arqueóloga Nelsis Fusco, integrante de la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico, fundada en 1993, recuerda las intervenciones realizadas en Montevideo. Dichas incursiones no han demostrado la exacta extensión y continuidad de cada túnel. Pero ayudaron a 'leer' la evolución de la ciudad en cada metro de profundidad. Las antiguas casas mantienen cimientos en arco de un metro setenta de diámetro o más."Las nuevas construcciones deben haber borrado y cortado muchos pasajes", revela Fusco. La especialista advierte que algunas de estas bóvedas corresponden a trozos de la vieja red de saneamiento construida en la segunda mitad del siglo XIX por Arteaga, y otras a restos de depósitos de agua.El investigador de la Iglesia Católica, Monseñor Julio César Delpiazzo, recuerda que debajo de la capilla del Santísimo Sacramento, en la Iglesia Matriz, "había un túnel como para que una persona entrara a gatas, pero la boca de entrada se ha tapiado y nunca se han hecho exploraciones". Del Piazzo refiere además a otro túnel cortado por la tumba del cardenal Barbieri "que no se sabe hacia dónde va, pero sale hacia el Cabildo".Para el investigador Roberto Bonada, las construcciones subterráneas "son un tabú". Varias defensas subterráneas y túneles a que hacen referencia diversos cronistas de época fueron olvidados o removidos por el asfalto y el crecimiento de la ciudad. Botana recuerda el análisis histórico de Eduardo Acevedo en el cual se hace mención a una línea fortificada "que corría desde La Aguada hasta el cementerio central, cruzando las actuales calles de Ibicuy, Cuareim, Yí y Yaguarón; tenía dos metros de ancho, dos varas de espesor y la altura de un hombre, siendo construidos en piedra y ladrillo. Más de una vez en demoliciones en el barrio Sur se han encontrado cañones y agujeros pertenecientes a este trazado".Este investigador propone además un posible pasadizo desde el Palacio Santos, actual dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, sobre 18 y Cuareim, hasta el cuartel del general Máximo Santos ubicado donde hoy se encuentra la sede central de la Dirección General de Impositiva, en Rondeau y Valparaíso.Bonada afirma también que a orillas del arroyo Miguelete viejas quintas poseen construcciones subterráneas "para huir en caso de ataques". En cuanto a los túneles de la Ciudad Vieja, Bonada afirma que los mismos existieron como una red articulada "tanto para defensa militar como para el contrabando, el primer deporte de los uruguayos".

Los cementerios bajo el asfalto

Los llamados 'camposantos' pautaban una zona alrededor de las Iglesias dedicada a enterrar a quienes practicaran la fe cristiana. La ciudad de Montevideo no fue ajena a estas prácticas, y en los anales de Nuestra Iglesia consta la existencia de un cementerio donde hoy se erige el Arzobispado, en la calle Treinta y Tres, junto a donde se emplazaba la vieja Catedral."Al construirse la primera Iglesia Matriz en 1740 -añade Monseñor Del Piazzo-, se empieza a enterrar al costado. Aquella Iglesia se derrumbó en 1788 y eso dio origen a la construcción de la Catedral actual, cuya piedra fundamental se puso el 20 de noviembre de 1790 y se inauguró el 21 de octubre de 1804, manteniéndose el cementerio hasta mediados del siglo pasado, cuando se construyó el Cementerio que hoy se conoce como Central, y luego el del Buceo". El surgimiento de estos cementerios fuera del camposanto se une, según el escritor, investigador e historiador Juan Antonio Varese, al problema suscitado entre la Iglesia y la masonería, ya que aquélla se negaba a enterrar a quienes no siguieran la fe cristiana. "La masonería, entendiendo que ello atentaba contra la libertad de conciencia, es quien busca iniciar los cementerios públicos, que luego la ley hizo obligatorios", indica Varese. El investigador relata que el cementerio del Buceo surge dada la inmensa cantidad de tumbas que de hecho surgieron el la zona: "cada uno enterraba donde quería"; pero con el correr de los años, sólo se permitió seguir estas prácticas al sur de la calle Rivera, tal como hoy se lo conoce. Otro cementerio olvidado debajo de la ciudad es el de la Residencia de San Estanislao de Kostka, una construcción de los Padres Jesuitas en la esquina de las calles San Gabriel y San Juan, hoy Rincón e Ituzaingó, asiento actual del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. La edificación, que ocupaba el frente y gran parte de la manzana, constaba de habitaciones para los sacerdotes, una escuela, un cementerio y una pequeña capilla que, entre 1788 y 1804 ofició como 'Matriz interna' durante la construcción de la actual Catedral.Por último cabe recordar el viejo cementerio inglés, ubicado exactamente donde hoy se encuentra la Intendencia Municipal de Montevideo, en 18 de Julio y Ejido. El investigador Roberto Bonada cuenta que "este cementerio fue canjeado al Estado por el predio actual sobre la calle Rivera porque trancaba el desarrollo edilicio de la ciudad".

De pescadores, patotas y ratas

Debajo de la rambla Sur, entre el dique Mauá y la escollera Sarandí, donde los pescadores se constituyen en figuras integradas al perfil de la costa montevideana, se encontraban varias bocas de entrada a las galerías subterráneas de la Ciudad Vieja. Varias de ellas quedaron tapiadas un año atrás, cuando se concluyó la ampliación del colector que traslada las aguas servidas hasta el emisor subacuático de Punta Carretas. Cuentan los pescadores que aquellos desagües de la vieja red de saneamiento de la ciudad servían como refugio de una banda de infantojuveniles que asolaba a los incautos turistas que a diario visitaban esa zona característica de Montevideo. Hábiles en romper los vidrios de los coches con una certera pedrada y despojar a los vehículos, en segundos, de radios, ropas y cuanto quedase al alcance, los infantos huían luego por la escalinata de la plataforma que da al caño y guardaban su botín en una galería debajo del nacimiento de la escollera Sarandí. Esa banda, que en el verano rescataba las plomadas de los pescadores, nadando en los días de bajante sobre las rocas de enganche, para luego reciclar el plomo y vendérselo a los propios pescadores, conocía todos los rincones de aquella red de saneamiento en desuso. Por ella, llegaban hasta debajo de la Iglesia de Cerrito y Solís, y hasta la punta de la propia escollera. "Bajo la Iglesia -cuenta uno de aquellos ex infantos- hay como unas celdas con unas camas de piedra donde dicen que hacían retiro los curas. En las esquinas de los caños se ven los nombres antiguos de las calles que había arriba. Pero muy para adentro no te podés meter -advierte-, porque vienen las ratas y te patotean."

Una incursión por el 'Túnel Arteaga'

Las botas de goma cubren las piernas hasta la mitad de los cuádriceps. Luego, la protección está a cargo de un equipo impermeable que incluye gruesos guantes de goma y el casco protector. No hay otra forma de bajar a las cloacas de la ciudad y salir seco en el intento. Esto no evita sentir bajo los pies la blandura del fango y los excrementos disueltos en una corriente brumosa de aguas servidas y otras provenientes de las últimas lluvias. A ambos lados un murallón de piedra describe una curva perfecta. Al fondo, la luz de la linterna se diluye en la oscuridad de este tubo inmenso. Estamos en el 'Túnel Arteaga', uno de los principales vertederos de Montevideo, parte de la red más antigua que tiene la ciudad y una verdadera joya de ingeniería.Nace en la calle Galicia a la altura de Rondeau, y recorre toda esta avenida, atravesando como si fuese manteca la cuchilla de piedra sobre la que corre la Avenida 18 de Julio. El 'Túnel Arteaga' cruza de Norte a Sur la Plaza Cagancha, a 30 metros de profundidad, y continúa su viaje rumbo al mar debajo del pavimento. En su mayor parte tiene un diámetro que supera los 3,5 metros y en total, sobrepasa el kilómetro de largo. Cuando llueve como el lunes pasado (69 mm en dos horas), el torrente supera los tres metros de altura y acapara casi todo el diámetro del túnel.Montevideo fue la primer ciudad sudamericana en contar con una red cloacal. Las obras comenzaron en el año 1856 por sistema de concesión de obra pública, concedido a Juan José Arteaga, un constructor privado de origen inglés -a pesar de su nombre- que se valió para concretar esta maravilla de papel, lápiz, una escuadra y la antigua 'ley empírica'. Esta última la constituye la labor desempeñada en obras similares, y no toma en cuenta cálculos o ecuaciones de difícil precisión. El resultado está a la vista: una amplia red instalada bajo toda la Ciudad Vieja y parte del Centro, de tales proporciones que a siglo y medio de construida es utilizada a plenitud por una ciudad de casi millón y medio de habitantes, muchas veces con descuido y desidia. Los 150 funcionarios afectados directamente a su mantenimiento quitaron alguna vez de estas tuberías elementos insólitos: un motor entero de automóvil, el esqueleto entero de un bovino o una bañera íntegra aunque algo corroída por las insanas aguas.

Arroyos bajo la ciudad

El tango 'Garufa', que pregona "del barrio La Mondiola vos sos el más rana" no hace más que constatar una realidad. "En la desembocadura del arroyo de los Pocitos estaba el llamado puente de las ranas, y el tango hace referencia a una figura que pernoctaría allí. Hoy la parada de taxis frente al Banco República se llama La Rana", afirma el investigador Roberto Bonada, para quien "Montevideo no es ajeno a toda la orografía uruguaya: está lleno de cañaditas". Según el investigador, el arroyo de los Pocitos pasa al lado de la Iglesia Tierra Santa luego de bajar desde el estadio (frente a la cancha de Miramar) por las cercanías de las calles 14 de julio, Lorenzo Pérez, pasando por las manzanas de la intersección de 26 de marzo y Luis Lamas, y saliendo por la calle Pagola.El arroyo Seco, que debe su nombre a su pasaje por la quinta de la familia Seco, pasa según Bonada por Tres Cruces (lugar que debe su nombre a tres tumbas de viajeros asesinados y no a un cruce de caminos que fue posterior en el tiempo), "el llamado camino del recodo que hoy es Hocquart, y cruza el camino de Millán y Burgues antes de desembocar". También tenemos el Quitacalzones "que va paralelo a Larrañaga, atraviesa 19 de abril, y desemboca detrás del cine Alcázar, en el Paso Molino donde se junta con el Miguelete, el bien conocido Pantanoso en el oeste, el arroyo Carrasco y el Malvín al este, y más cerca el arroyo La Estanzuela, que viene desde el Parque Batlle por debajo de Acevedo Díaz, pega la vuelta en Gonzalo Ramírez y llega al Parque Rodó, el arroyo del Cardal que viene desde la Universidad y pasa por Constituyente y Yaro, y otro que baja por la calle Barrios Amorín", relata Bonada. Gustavo Aller, arquitecto encargado de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia capitalina recuerda la gran cantidad de brotes y corrientes de agua subterránea que se le presentan a los arquitectos en su labor; "en todo Montevideo hay sótanos que se inundan y aguas subterráneas que nos complican las construcciones -dice-. En Carrasco, a dos metros de profundidad hay agua, y en el Hipódromo por ejemplo, tan sólo a sesenta centímetros de la superficie". En diversas zonas de la ciudad se pueden aún hoy encontrar aljibes, como por ejemplo en las cercanías de las calles La Paz y Cuareim, o en la Aguada, muchos de ellos en uso, como el del Bar Barbacana ubicado en Joaquín Requena y Canelones, a pesar de la salvedad de su dueño: "el agua no la usamos para beber sino para la limpieza".

Un polvorín del General Oribe

Un pequeña quinta de frutas y hortalizas disimula la entrada hacia una de las incógnitas pendientes del pasado de los montevideanos. Debajo de ese breve jardín cultivado que sirve como antesala de la casa de los Guarino, en las faldas del Cerrito de la Victoria, se encuentra la bóveda de un antiguo polvorín del siglo XIX. Casi intacto, espera paciente la lectura desinteresada de los historiadores. Al excavar para enclavar los primeros cimientos de su nueva casa, el Sr Guarino, un sanitario de profesión, se topó con un antiguo hueco. En vez de eludirlo, resolvió seguir excavando: la sorpresa creció a cada palada. Pocas horas después, una bóveda de cinco metros de alto, cuatro de ancho y ocho de largo se extendía ante sus ojos. Bajó como pudo y se percató del aire seco y fresco que flotaba en su interior. Las paredes eran de ladrillo y el piso de tierra. Acababa de descubrir uno de los polvorines construidos y utilizados por el general Manuel Oribe hacia 1843, durante uno de los sitios a Montevideo. En todos los alrededores de lo que sería luego el Cerrito de la Victoria, entonces Villa Restauración, Oribe instaló varios de sus cuarteles. La bóveda debajo de la casa de Guarino corroboró este vínculo histórico: desperdigados en el suelo apisonado encontró balas de cañón, mangos de espadas y otras armas antiguas, restos que se fueron con los años y las canibalescas incursiones de falsos investigadores.La fama de 'la bóveda en la casa de los Guarino' no se hizo esperar y corrió como reguero de la pólvora que alguna vez atesoró. Una tarde de 1975 la noticia llegó hasta el despacho de Vicente Queirolo, comandante en Jefe del Ejército. Horas después dos camionetas descargaron soldados que rodearon e ingresaron a la casa de los Guarino, comandados por Queirolo en persona. Bajaron a la bóveda y tras un breve test in situ aseguraron a Guarino que la propiedad era "legítimamente del Ejército", lo mismo que una casa ubicada a 30 metros del lugar, tan antigua como el viejo polvorín y orientada en la misma dirección que éste. "Son bienes de la Patria", fue la frase lapidaria del General. Las lágrimas de la señora Guarino y las protestas de varias familias comenzaron a escucharse. Con el correr de los días, la expropiación quedó archivada entre asuntos de mayor importancia que llevó adelante el Ejército en esos primeros y agitados años de dictadura. Además, las líneas de defensa del General Oribe se extendieron hasta la playa y puerto del buceo, donde hoy se conserva el edificio de la Aduana que lleva el nombre de este militar. El investigador Roberto Bonada sostiene que otros túneles y depósitos de armas se ocultan bajo algunos predios de la zona. "He sabido que en la calle Riverós a la altura del 1220 un señor cultivaba tomates valiéndose de bayonetas a modo de cañas tacuaras. Por allí han encontrado muchas cosas, y alguna vez las excavaciones podrán rescatar los túneles que recorren la zona hasta llegar a 8 de Octubre", dijo el investigador.

TUPAMAROS Y MILITARES.Fugas y tiroteos en el submundo montevideano

Durante los primeros años de la década del 70, las cloacas de Montevideo fueron también escenario de los enfrentamientos y los esquives de tupamaros y fuerzas del orden. "El olor que hay allí no es comparable a nada [...] y es un olor que lo persigue a uno por días y días", recordó uno de los protagonistas.A pesar de haber soportado la fuga más grande de la historia el año anterior, la cárcel de Punta Carretas seguía siendo utilizada en 1972 como centro de detención de tupamaros y delincuentes comunes. La operación llamada 'El Abuso' de setiembre de 1971 (bajo este nombre también está registrada en el libro Guiness de los récords) había pasado de la cárcel a la clandestinidad a 111 guerrilleros a través de un túnel de 35 metros hecho desde la propia cárcel. El mismo pasaba por debajo de los paredones y de la calle hasta llegar a una casa de familia. En ese año 1972 se produjo una segunda huida de la cárcel de Punta Carretas, y esa vez se utilizaron directamente las redes cloacales de la zona como vía de escape. Estos ramales de saneamiento recolectan las aguas servidas de un cinturón urbano que desemboca bajo la Rambla de Pocitos.

La fuga

Fingiendo diversos malestares, un grupo de trece tupamaros se hicieron trasladar al Hospital de la cárcel -ubicado en la parte sur del viejo complejo-, donde un comando de operaciones, desde el exterior, abriría un boquete en el piso conectado a las cloacas. "Copamos el viejo Hospital y luego salimos por los caños en unos carritos que habíamos diseñado para trasladarnos -cuenta el dirigente del MLN Jorge Zabalza, hoy edil del MPP-. Era como una chata en la que uno se ponía panza abajo; los caños redondos a esa altura no tenían más de medio metro de ancho, pero más abajo son inmensos, con dos veredas a los lados y una gran canaleta en el medio. Te deslizabas por la pendiente y caías directamente en el viejo caño colector; si algo le faltaba a la chata eran frenos." Dos fuentes de Inteligencia policial recordaron que los carros tenían las "ruedas chuecas, abiertas hacia afuera para adherirse mejor a los conductos redondos". Por su parte, Zabalza recuerda hasta hoy lo extenso que se hicieron esos 800 metros de Rambla subterránea que recorrió, flotando, agarrado de los bordes del caño hasta llegar debajo de Avenida Brasil. En esos momentos, la desesperación jugó en contra de uno de sus compañeros de fuga que no soportó la tensión "y abrió una de las tapas de la calle, apareciendo todo lleno de mierda en una parada de ómnibus ubicada en Chucarro y Avenida Brasil; luego me enteré de que apretó a alguien en un coche para que lo sacara del lugar".Al mismo tiempo la Policía ya había dado el alerta por la fuga y comenzaba los rastreos. Desde abajo y ya a lo lejos, Zabalza y sus compañeros oían los disparos de sus perseguidores, que abrían las tapas de la calle y desplegaban una ráfaga de metralleta, aunque sin bajar a las cloacas. Se trataba de la 'Operación Trueno', según dijeron policías de Inteligencia. Ese método comenzó a ser aplicado cuando aún la Policía no tenía un conocimiento acabado de la red cloacal y por ello "se encontraba en desventaja con los Tupamaros", dijeron las fuentes."Seguimos caminando por los caños y salimos atrás del Zoológico de Villa Dolores -prosiguió Zabalza-; había un camión al que le habían hecho un agujero en la caja, y de la cloaca salimos directamente a él. El comando a cargo del operativo siguió por la red de saneamiento hasta la zona del Palacio Legislativo; ellos sí que conocían muy bien los ramales. Nosotros volvimos a la clandestinidad; yo fui al norte del país, donde también utilizamos mucho las redes cloacales, y allí sí hicimos túneles como refugio. Recuerdo por ejemplo el que se hizo en las barrancas del Río Queguay, o el del Arroyo San Francisco, donde está el Matadero."A esa altura los militares ya habían comprendido la importancia estratégica de las redes cloacales para la guerrilla urbana en Montevideo; sabían que los tupamaros habían robado los planos del saneamiento urbano de la Intendencia capitalina y comenzaron a preparar su ofensiva bajo tierra. Mientras eso no ocurría, los policías solían perderse en la red cloacal y más de una vez tuvieron "encuentros fantasmagóricos" en la oscuridad subterránea. Así lo contó un oficial de Inteligencia quien recordó que "abundaban los cirujas" que recorrían las cloacas buscando monedas, anillos u objetos de metal para vender: "los cirujas sabían indicar qué caminos seguir y cuántas bocas había que recorrer para llegar a determinado lugar; eran los mejores guías de la Policía".

Militares bajo tierra

El 27 de mayo de 1972 cayó a manos militares la llamada 'Cárcel del Pueblo', un 'berretín' subterráneo utilizado por la guerrilla para retener e interrogar a diversas personalidades. Ubicado en la calle Juan Paullier 1192, este reducto fue entregado a las Fuerzas Armadas por Héctor Amodio Pérez, ex tupamaro considerado traidor por sus compañeros, quien luego de colaborar con los militares obtuvo su libertad para escapar del país. "En el procedimiento de la Cárcel del Pueblo, también se había llegado por la red cloacal con un grupo estratégico -afirman fuentes de Inteligencia Militar-. Después supimos que ellos habían empezado un túnel de salida hacia las cloacas, pero les faltaba cerca de un metro, si no hubiera habido tiroteos bajo tierra, que igualmente se dieron en otras oportunidades." A comienzos de los años 70, cuando había algún acto político o reuniones masivas, los militares destacaban un grupo especial para cubrir las cloacas "a fin de que no pusieran alguna bomba, por ejemplo; sabíamos claramente de la utilización de los subterráneos en otras guerrillas, urbanas y no urbanas, como la guerra de Vietnam, en donde caminaban kilómetros, trasladando pertrechos e insumos, y salían donde ellos querían". Sabían además que el MLN tenía varios "expertos" en recorrer cloacas "donde es muy fácil perderse", como el caso de Héctor Amodio Pérez que conocía bien los vericuetos subterráneos.En las cloacas, los militares tomaban sus precauciones. Vestidos como buzos, con máscaras y protección en manos y pies, bajaban y recorrían los amplios ramales, encontrando muchas veces salidas desde los 'berretines'.Según recuerdan las fuentes militares, hay cloacas grandes (un hombre puede caminar erguido), medianas (se puede caminar pero encorvado) y chicas (se transita en cuclillas o de rodillas), siendo algunas ovaladas, redondas o rectangulares. Las grandes tienen un cauce en el medio y en los bordes pequeñas veredas. "El olor que hay ahí es insoportable -dice el militar retirado-. Usted me las menciona y me vuelve el olor a la nariz. No es comparable a nada. Es como el olor a una persona muerta y en descomposición, hay que sentirlo para darse cuenta que no se parece a ninguna otra cosa, y es un olor que lo persigue a uno por días y días." En esas incursiones se encontraban con ratas y especialmente con cucarachas. "Las cloacas chicas eran terribles. Uno entraba arrodillado y pegada contra la pared había siempre una franja negra, de unos 40 centímetros de ancho, hasta 50 metros de largo y de unos 6 centímetros de altura, que eran cucarachas. No sé por qué pero estaban todas juntas y como pegadas. Era asqueroso. Muchos de los tupamaros aparecieron comidos por las ratas, se quedaban en las cloacas y aparecían mordidos. Se contagiaron enfermedades crónicas por estar allí abajo; los hongos de las paredes, por ejemplo, no te los sacas más."El oficial retirado aseguró que en varias ocasiones el MLN procedió a ejecutar a algunos de sus miembros que no se ajustaban a la disciplina revolucionaria. "Recuerdo que un tupamaro de apellido Arteche fue ejecutado por sus compañeros y su cuerpo tirado a una cloaca, donde se lo comieron las ratas" añade.

Fernández Huidobro: Las bondades de las cloacas

¿Es cierto que los Tupamaros obtuvieron los planos de la red cloacal de Montevideo? ¡Uy! sí, en plena... eso fue por el 70 o 71. Sí, los tupamaros teníamos los planos de toda la red cloacal que eran de la Intendencia, los usamos bastante y nos dieron buen resultado. ¿Qué beneficios le dio al MLN el conocimiento y uso de estas redes? Eran vías de escape y de acercamiento, y nunca hubo en ellas acciones bélicas hasta el año 1972, en que hubo tiroteos y todo; había muchos locales clandestinos del MLN que tenían su túnel conectado con la cloaca, de modo que si la Policía o el Ejército llegaba, se huía por el caño a las cloacas y por las cloacas a la mierda, propiamente dicha. Nosotros fabricamos carritos de diferentes tamaños para trasladarnos por abajo. En el museo policial en la Seccional 9º hasta hace poco se veían. Pero las mujeres también se escaparon por las cloacas el 31 de julio del 71, cuando quedó la cárcel vacía. Corrieron cuadras por las cloacas de la calle Cabildo. Esas sí que son enormes... ...pero debe ser bastante inhóspito vivir o permanecer allí abajo por mucho tiempo. No, no vivíamos allí como dicen, es imposible, podés agarrar cualquier tipo de enfermedad crónica, no se puede. Además cuando llueve, por ejemplo, son peligrosísimas, la fuerza del agua te arrastra. A veces había que salir levantando una tapa en cualquier sitio por eso. Las cloacas son peligrosas además por los escapes de la Compañía del Gas y por los vertimientos químicos e industriales de muchas fábricas, a pesar de estar prohibidos.

Fuente: https://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=907230
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2017.08.14 08:53 Subversivos Odio a muerte en la España profunda

Sucedió el domingo 26 de agosto de 1990 a última hora de la tar­de en un lugar llamado Puerto Hurraco, un pueblo profundo de Ba­dajoz con 205 habitantes censados y protegido por dos montes ne­gros con forma de ala. Los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, de 56 y 58 años, se apostaron en un callejón, descargaron sus escopetas de repetición y abatieron a quince personas. Nueve de ellas murie­ron entre esa fecha y el 10 de septiembre y las seis restantes fueron reponiéndose con desigual fortuna: todas han quedado marcadas por la tragedia, pero algunas tendrán que soportar el recuerdo en una silla de ruedas.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
En un principio, los hermanos habían venido decididos a asestar un golpe de muerte a la familia Cabanillas —las dos hijas de Antonio Cabanillas, de trece y catorce años, fueron las primeras en caer—, sus enemigos frontales desde los años veinte, pe­ro el olor de la pólvora y la sangre que corría pendiente abajo por la calle principal les dejó clavados en el suelo y en el gatillo. Al final, dispararon sobre todo lo que vieron. Emilio huyó al monte después del primer cargador. Antonio se quedó allí todavía un rato, hasta agotar el segundo. Horas después, de madrugada, la Guardia Civil tuvo que sacar a tiros a los dos hermanos de un cercano olivar en el que se habían refugiado —tanto, que dos guardias civiles resultaron gravemente heridos. Luego, se comentó que por qué no habían huido, por qué habían quedado atrapados en el lugar rabioso de su cri­men. Tal vez, la venganza, que les había atado a Puerto Hurraco du­rante toda la vida, les atara también después de llevarla a cabo.
El suceso se vivió en España con la extrañeza y el temor de quien se encuentra frente a páginas del pasado resucitadas con actores de carne y hueso. La década recién inaugurada quería significar el ine­luctable fin de aquella otra España de oscura conciencia, aislada del mundo y sobreviviendo dificultosamente de recursos escasos y entre penas y culpas que se colaban por los callejones históricos del pesi­mismo y de la tristeza. Eso había terminado. Estábamos en Europa y ya habíamos dado los primeros pasos hacia una modernidad con­sensuada por los propios y arropada por los extraños. Muchos vie­ron en Puerto Hurraco una fotografía antigua o el último latigazo de un mundo que se extinguía, pero muchos otros se enfrentaron, con una perplejidad interrogante, a un suceso real y presente que ponía en cuestión la idea actual de España, siempre vista a través del pris­ma urbano, cubierta por la sombra avanzada de la capital y de las capitales. Aquí se cifraba la incógnita: se trataba del pasado o se tra­taba de ignorancia del presente.
Dos días después de la matanza, el suplemento dominical del dia­rio EL PAÍS envió a quien esto escribe y al fotógrafo Miguel Gener a buscar las claves de un suceso que reunía paradojas suficientes co­mo para pensar que la averiguación no había concluido con la me­ra información del desastre.
Detrás de los visillos
La primera impresión de Puerto Hurraco, una estrecha calle principal en cuesta, a última hora de la tarde espesa y caliente de agosto, con una mujer que todavía fregaba en las paredes y en el cemento las manchas de sangre, y puertas cerradas a cal y canto, fue la de estar visitando un pueblo con gente vigilando detrás de los visillos de la ventana. De vez en cuando se escuchaba, casi exagera­damente, casi como si uno se lo estuviera inventando o esperase in­ventárselo, un cerrojo que recorría la calle, que salía del pueblo y que se perdía en una resonancia entre los omóplatos de los dos mon­tes negros que planeaban siniestramente sobre las casas blanquea­das. No había nadie en la calle y las únicas figuras visibles eran las de dos guardias civiles sentados en un cuatro latas ladeado sobre una cuneta a la entrada del pueblo.
MÁS INFORMACIÓN Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Todo lo publicado en EL PAÍS sobre el caso 2015: Puerto Hurraco quiere olvidar 2010: El último de los asesinos se ahorca en su celda 1994: 688 años de cárcel para los hermanos Izquierdo De vez en cuando, algún vecino cruzaba velozmente y miraba al­rededor como si tuviera que cerciorarse del lugar en que vivía. Con el paso del tiempo, se terminaba descubriendo a otros periodistas y fotógrafos, que salían apresuradamente de una casa para entrar en otra y que ya habían adoptado los hábitos clandestinos de la pobla­ción. El día que siguió al entierro de las víctimas, entre el fragor de cepillos que intentaban borrar la sangre del domingo, un vecino pi­dió a los reporteros que no se marcharan, «porque así se sentían más protegidos». Pero, al mismo tiempo, no aceptaba hospedajes «por temor a represalias». La guerra de Antonio y Emilio Izquierdo ha­bía derivado en una guerra interna: a ver quién dice y qué a los pe­riodistas.
En los días siguientes a la matanza, uno de los aspectos más sorprendentes —para un recién llegado— era el clima de tensión que se había creado entre los propios vecinos. Daba la impresión de que la alarma no había dejado de sonar todavía y de que esta vez el peligro no iba a venir de afuera —Emilio y Antonio vivían en Monte­rrubio de la Serena—, sino de los intestinos de la aldea. La razón, sencilla, pero que tardaba en descubrirse, tenía que ver con los in­trincados lazos de parentesco de los habitantes de Puerto Hurraco. Los Izquierdo y los Cabanillas se odiaban, y el hecho es que una buena parte de las familias de Puerto Hurraco eran Cabanillas o Iz­quierdo, pero una parte aún mayor había mezclado sus apellidos con el sistema endogámico tan habitual en las zonas rurales y aisladas del interior de la península. De forma que los Cabanillas Izquierdo o los Izquierdo Cabanillas suponían un verdadero grueso de la po­blación.
El cementerio era una prueba contundente de esta tupida red de peligros. Situado a un costado de la carretera general, rodea­do de un campo que parecía en estío permanente, mostraba con to­da claridad y en letras de molde la hegemonía de los dos apellidos y de sus mezclas. Para mayor enrarecimiento, en la catástrofe del do­mingo había muerto una cuñada del marido de Emilia Izquierdo, la tercera hermana en discordia junto a Luciana y Ángela —a las que más tarde se acusaría de haber inducido a sus hermanos al asesinato.
En esos días, cada cual podía imaginar la amenaza en el interior de su propia casa o lindando con la del vecino. Todo dependía del bando en que cada uno decidiera alistarse o se sintiera incluido, ha­bida cuenta de que todos y cada uno tenían innumerables posibili­dades de pertenecer a ambos. Por tanto, una cierta arbitrariedad surgida de lo que no se sabía del otro, del próximo, cuyos verdade­ros sentimientos podían haber estado escondidos o disimulados para brotar ahora repentinamente, se unía a la conmoción y al miedo generalizado. La ecuación resultante era, pues, miedo más arbitra­riedad y su solución, una incógnita. Curiosamente, esos mismos tér­minos habían estado, como se vería después, en el origen de la tra­gedia.
Los días que siguieron al suceso fueron días temidos. Había mie­do al regreso de las hermanas presuntamente instigadoras, Luciana y Ángela, evaporadas desde la semana anterior; miedo a Antonio Cabanillas, el padre de las niñas asesinadas; miedo a la respuesta de las distintas ramas de las distintas f31nilias, dentro y fuera del pue­blo; y, sobre todo, un miedo contagioso a que la cuerda del último drama tirase de otros dramas sobre los que el olvido había trabaja­do como una lápida. Algunos vecinos hablaban ya de hacer las ma­letas y de cerrar los escasos negocios. Se temía el éxodo.
Fuera de esto, existía también una aprensión —causada por esta estructura de parentesco— relacionada con que ciertas historias sa­lieran a la luz. Una especie de pudor repentino de una aldea endo­gámica acostumbrada a guardar sus conflictos. Y también un tem­blor vergonzoso a aparecer como el reflejo miserable de esa España profunda, tan traída y llevada por los libros, por el cine y por la te­levisión, de niños en las tinajas, campesinos obtusos y sanguinarios, y malevolencia rural.
En el fondo, con unas cosas y con otras, se estaba jugando la su­pervivencia del pueblo. Había algo más que una disputa sangrienta entre familias: se había puesto en peligro la supervivencia colectiva.
Cuando los vecinos se decidían a hablar era para defender esa su­pervivencia. Insistían, de un modo que se dirigía en primer lugar a su propio convencimiento, como si la presencia del interlocutor sir­viera sobre todo para escucharse a sí mismos, en que el estallido no afectaba más que a los «amadeos» y a los «patas pelás», ramas par­ticulares de los Cabanillas y de los Izquierdo. Aceptar la idea de una guerra entre los Cabanillas y los Izquierdo, sin matices y sin reduc­ciones, era transigir con la idea de una guerra universalizada y con la previsión de una hecatombe a la vuelta de la esquina. Fuera co­mo fuese, el primer gesto de la supervivencia consistía en espantar los fantasmas de una contienda colectiva, particularizando el con­flicto hasta contenerlo en su territorio más pequeño.
La supervivencia, además, merecía la pena en términos objeti­vos. Los términos estaban relacionados con la reciente prosperidad del pueblo, tradicionalmente dedicado a la aceituna, el grano, los cerdos y las ovejas. Las subvenciones estatales y el empleo comuni­tario habían hecho crecer el nivel de vida en los últimos cinco años. Se veían casas nuevas y reformadas por todas partes, las calles es­taban asfaltadas y en los pequeños negocios se respiraban aires de beneficio. Para entenderlo mejor, había que remontarse a la historia de una aldea que no conoció la electricidad hasta los años se­tenta, el agua corriente hasta los ochenta y el asfaltado de las calles hasta hacía seis años. Por primera vez, aquella conciencia colecti­va, secularmente cerrada al mundo, había empezado a asomarse a él. Los defensores de la tesis de la tragedia aislada luchaban con­tra la memoria en una atmósfera de pólvora antigua. Era la memo­ria de una aldea fundada por familias Izquierdo provenientes del cercano Helechal en el siglo pasado y que, a principios de la centu­ria, se encuentran conviviendo con extraños que regresan de una emigración cubana.
En ese momento comenzó la guerra, la guerra de los Camariches (Izquierdo) contra los Habaneros (Cabanillas). Es decir, la guerra de los fundadores contra una familia de intrusos llegada de Cuba. A la vista del entramado presente de parentescos, la resurrección de ese conflicto significaría la guerra de todos contra todos. Después de tan­tos años, y estando tan cerca ya del mundo contemporáneo, los habi­tantes de Puerto Hurraco temían, tras el nefasto domingo de agosto, levantarse por la mañana pensando que cualquiera podía ser un ene­migo, que la fiera dormida podía despertar y llenar el aire de zarpa­zos. Como si no hubiera pasado el tiempo o como si hubiera dado igual que el tiempo hubiera pasado. En ese aspecto, sus sentimientos eran muy semejantes a los sentimientos con que el resto del país les contemplaba. Mientras el país entero, a su vez, se sentía observado por los nuevos y modernos amigos europeos, los mismos que habían surtido la leyenda negra española de hechos que la confirmaban ejemplarmente, de hechos muy semejantes a los de Puerto Hurraco. Seguramente, Puerto Hurraco hizo que los españoles se volvieran tan hipersensibles a la observación como los propios vecinos, y también desde esa oscura culpabilidad nutrida por la incertidumbre y la ig­norancia.
La historia olvidada
Existía, por tanto, una historia de Puerto Hurraco, una historia escondida y, al parecer, fatalmente olvidada, a la que se había re­gresado brutalmente a causa de ese mismo olvido.
Hacia 1920. Unos niños juegan en el polvo marrón de una calle­juela. Los hombres arrastran sus mulas en el campo y las dos len­guas de piedra negra que desde la montaña lamen Puerto Hurraco lanzan chispazos de luz. Los niños son Ángel Cabanillas, apodado El Rapa, y los hijos de La Torcía y La Daniela, ambas de familia Iz­quierdo. De pronto, se enredan en una gresca. El Rapa, de catorce años, se marcha a su casa. Al cabo de un rato, cuando quiere salir de nuevo a la calle, La Torcía y La Daniela le esperan armadas. La madre de Ángel Cabanillas no le deja salir. El incidente crea una tensión desproporcionada entre las familias. No hay un previo con­flicto de tierras, ni otro conocido. Pero la tensión alcanza los años si­guientes, cuando las familias aparecen en la historia completamen­te enconadas.
Año 1928 o 1929. Luis Cabanillas se interpone en la amistad de su hermana Matilde con Alejandro García Izquierdo. Alejandro pide ayuda a los parientes Izquierdo y traman esperar a Luis a la salida del salón de baile de Marcelo Merino. Son las últimas horas de la fiesta, el ambiente del salón está espeso y un amigo de Luis abre la ventana. Por encima de los tejados distingue el perfil lunar de los montes y, con la misma luz, a Alejandro y a sus primos apostados en una de las callejuelas. Luis hace cuestión de honor en salir mientras tantea la navaja que lleva en el bolsillo del pantalón. Antes de que los Izquierdo reaccionen, asesta una puñalada en el cuello a Alejan­dro García. El acuchillado nunca llegó a recuperarse totalmente. «Se quedó como atontado.» Luis Cabanillas fue condenado a siete me­ses de cárcel ya posterior destierro en Peñarroya.
Año 1935. Se repite el suceso con distintos protagonistas e inversa fortuna. Un baile en una fiesta cercana. Basilio Cabanillas ronda a Amelia Izquierdo, prima de Daniel Izquierdo, por mote El Dentis­ta. Al parecer, Basilio y Amelia se entienden. El Dentista interrum­pe la escena y discute con Basilio. El clima se caldea a lo largo de la noche. Finalmente, El Dentista lanza una amenaza y se marcha. Ba­silio regresa al pueblo caminando, sorteando pedregales y olivos en una noche cerrada. El Dentista surge de entre unos matorrales y le apalea hasta tumbarlo. Basilio consigue llegar a su casa y de allí a un hospital de Badajoz, donde tardará semanas en reponerse. Daniel Izquierdo, El Dentista, fue encarcelado y años después tuvo que pa­gar fianza para conseguir la licencia de escopeta.
Hasta estas fechas, los conflictos responden al esquema de Ca­mariches contra Habaneros. No hay disputas materiales de ninguna especie. Las disputas tienen trasfondo grupal y las heredan los pa­rientes por extensión consanguínea y cronológica. Se trata de los fundadores y de los emigrantes que legan a su descendencia una probable competitividad a escala local y sólo explicable dentro de un entorno cerrado donde el roce produce una marca cuya exposición continua tiende a pasar por herida.
El resto forma parte de una historia más y mejor manejada por los que todavía viven. Pasaron 26 años desde las andanzas de El Dentista hasta la desgracia siguiente. En ese plazo largo, que no se­ría el único de magnitud que mediaría entre catástrofes, los Cabani­llas y los Izquierdo debieron de fundirse en una maraña de lazos de parentela, que hoy son inextricables y amenazadores. Estos lazos parecían configurar una paz decisiva. Pero en Puerto Hurraco la paz ni se decide ni tiene dueños.
Años 50. Amadeo Cabanillas Caballero y Manuel Izquierdo, llama­do Mal Tiempo, echan ovejas en los tristes pastos de Puerto Hurraco. Las fincas lindan. No hay cercado, sólo un golpe largo de tierra amon­tonada que las separa. Las ovejas entienden mal la delimitación y se la saltan sin reflexionar. Otra gresca, de no grandes dimensiones, pe­ro que se conserva en la memoria como un hito de este prolongado ca­mino de desavenencias. El que algo así se conserve en la memoria es lo más inquietante de todo.
Año 1961. Se produce el primer choque entre Antonio Cabanillas -el padre de las niñas asesinadas-, todavía niño, y los futuros cri­minales de sus hijas, Emilio y Antonio Izquierdo. «Al niño le tupie­ron la boca de hierba.» El padre de las niñas asesinadas negó en esos días aciagos de agosto que tuviera jamás un roce con Antonio y Emi­lio. Aunque lo negaba no como si negara el hecho, sino como si ne­gara cualquier especie de memoria. Mientras se dirigía con su trac­tor al campo, dos días después de las desgraciadas pérdidas, de la boca de Antonio Cabanillas se escapaba la palabra «maldad» con una certeza religiosa.
El caso es que, sin moverse de la fecha, Amadeo Cabanillas Ri­vera, hijo del otro Amadeo y hermano de Antonio, discutió con Jeró­nimo y Luciana, hermanos de Antonio y Emilio por el asunto del chaval. Luciana se rompe un brazo al caer empujada por Amadeo: ésta es toda la historia de amor que vivieron y que en 1990 levanta­ba especulaciones acerca de un despecho sentimental que habría ali­mentado la última fase del resentimiento. Jerónimo esperó en la fin­ca de Las Pelícanas a Amadeo y lo mató de una cuchillada. Años de cárcel, psiquiátrico y destierro a Monterrubio, a seis kilómetros. El pueblo donde vivían y desde el que tramaron los hermanos Izquier­do la matanza.
1984, veintitrés años más tarde. La casa de Isabel Izquierdo, ma­dre de los convictos y hermana de Mal Tiempo, se incendia. La ma­dre muere, y las hermanas, que estaban esa noche en la casa, acusan a Antonio Cabanillas de haber prendido el fuego y al pueblo entero de no haberles ayudado. Lo cierto es que olvidaron a su madre entre las llamas y que muy pocos vecinos llegaron a despertarse esa noche.
  1. Jerónimo repite cuchillada en la Cooperativa de Monterru­bio, esta vez sobre Antonio Cabanillas, que tiene que ser ingresado. A partir de este momento, los Patas Pelás se enclaustran en su feu­do de Monterrubio. Los hermanos se dedican a jugar a las cartas y a toma: helados de corte, una especie de pasión. Luciana y Ángela van clamando justicia por las calles, se arrodillan delante del cuar­telillo de la Guardia Civil y obligan a los vecinos a desenchufar los frigoríficos ya parar los relojes de pared, por temor a que camufla­ran bombas. Una existencia entre la locura y el miedo, alimentada por confidentes y enzarzadores. Después de que la locura y el miedo hubieran fermentado lo suficiente y se hubieran descompuesto en su propio caldo de cultivo, llegó el domingo sangriento, tras las fiestas de agosto. «Vengo a por el Puerto, esto vengo esperando hace seis años», dicen que gritaba Emilio Izquierdo desde el callejón entre descarga y descarga de su repetidora.
Ruido de cerrojos
Esta historia pudo componerse a partir de fragmentos, de confi­dencias a media voz, hechas en el pequeño bar donde los parro­quianos se limitaban a jugar a las cartas y a vigilar permanente­mente a los periodistas o, tras llamar a alguna puerta, atravesar un largo pasillo y quedarse en el patio del fondo mientras los dueños de la casa echaban los cerrojos. Jamás se confiaban en grupo. Las úni­cas posibilidades dependían de encontrar a solas al interlocutor o de sacarle de la proximidad de los otros. Las mujeres y los hombres ha­blaban en su casa sólo a condición de que no estuviera el cónyuge. La mutua vigilancia a que todos se sometían daba como resultado un silencio a medias y, muchas veces, ficciones o falsedades.
Los más proclives a soltarse, y no mucho, eran los emigrantes que habían regresado para las fiestas y los que habían tomado la deci­sión de marcharse. Por lo general, se negaban a dar el nombre y sólo apuntaban la rama de Izquierdo o Cabanillas a la que pertenecían y cuya posición estratégica en el conflicto era prácticamente imposi­ble desentrañar para el forastero. La mayoría hablaba como Caba­nillas en esos momentos, pero un ligero contraste con el siguiente in­terlocutor arrojaba la idea contraria. No decían su nombre, aunque se denunciaban entre ellos. «Ése con el que dice que ha hablado es un Amadeo» o «ese es un Pata Pelá».
Al llegar la noche, los guardias civiles recomendaban severamen­te que los periodistas dejaran el pueblo. Entonces sí que sonaban los cerrojos más allá de toda atmósfera literaria. Miguel Gener hizo unas espléndidas fotografías de lo que era la noche en Puerto Hurraco, aguantando en aquella oscuridad tensa en la que las luces de los fa­roles se pegaban al suelo y dejaban recortado por encima el cielo an­cho, espeso y nocturno, de las tierras pacenses. Esas fotografías con­siguieron reproducir las tenebrosas impresiones que podría haber sentido cualquiera que se acercara a Puerto Hurraco horas después de la, carnicería. Algo así como meterse en un poblado fantasma del viejo Oeste, pero sin épica, cruzado por caminos que se fundían en la noche y con una carretera cercana que parecía el tramo final de todas las carreteras del mundo. Dentro de las casas, las luces se apa­gaban enseguida y entonces el cielo oscuro empezaba a pesar y a desplomarse como la tapa de un ataúd.
En Esparragosa o en Zalamea, a pocos kilómetros, la noche se vi­vía de muy distinta manera. La gente salía a tomar el fresco al qui­cio de la puerta, se veían corros de adolescentes en las puentecillas y paseantes que se adentraban en la tiniebla de los senderos. Eran las horas para respirar un poco de aire, después de los cuarenta gra­dos de secano que habían carbonizado el día. En Puerto Hurraco no se respiraba, los habitantes parecían contener el aliento hasta que pasara algo que se sentía próximo y fatal. Esa noche calurosa de en­cierro daba la verdadera temperatura del ánimo de la gente.
El día 30 de agosto las hermanas Izquierdo, Ángela y Luciana, salieron de un escondrijo de Madrid y tomaron el expreso de Bada­joz. A partir de ese momento iniciaron su escabroso periplo entre las pretensiones del fiscal, que las acusó de conspirar junto a sus her­manos -aunque la Audiencia de Badajoz revocó en febrero de 1992 el auto de procesamiento-, y su inexorable destino psiquiátrico en Mérida. Pero durante los cuatro días en que estuvieron desapareci­das, Ángela y Luciana se presentaban como la clave que podía des­cifrar los enigmas. Y también disolver el sentimiento de amenaza in­mediata que todavía pesaba sobre las gentes de Puerto Hurraco. Su desaparición había prolongado la inquietud, porque, sin lugar a du­das, tanto para los de Puerto Hurraco como para quienes estaban al tanto en Monterrubio de la Serena, había una diferencia sustancial entre el dedo que había apretado el gatillo y el cerebro que había en­viado la orden.
La casa de Monterrubio era una casa de pueblo de dos plantas pe­queñas embutida en una hilera y tan cerrada a cal y canto como, según decían, lo había estado en los últimos años, cuando los hermanos y hermanas Izquierdo vivían en ella. El diagnóstico del vecindario era tan concluyente como lo fue después el de la Audiencia. Eran dos mu­jeres mayores, de 49 y 63 años, prematuramente envejecidas, cuya existencia estaba organizada alrededor de los líos vecinales, que salían dando gritos de su casa y recorrían las calles insultando a sus parien­tes de Puerto Hurraco y a cualquiera de Monterrubio que se cruzara con ellas, que peregrinaban regularmente al cuartelillo y que, simple­mente, «no podían estar bien». En contraste, Emilio y Antonio rara vez protagonizaban un altercado. Parecían bastante pacíficos o quizá sólo tranquilos y, según la opinión del coro popular de Monterrubio, absolutamente dominados por sus hermanas.
Ninguno de los cuatro se había casado. La única pista sentimen­tal relacionaba a Luciana con Amadeo Cabanillas, en el famoso episodio que concluyó con fractura de huesos para la mujer y que inau­guró la última fase criminal entre las familias antagonistas. Luciana negó en días posteriores que hubiera existido semejante posibilidad, como no podía ser de otra manera. Los cuatro hermanos, por lo de­más, apenas salían de la casa de Monterrubio, donde las persianas estaban permanentemente bajadas y los pestillos echados. Allí fue­ron re cociendo su animadversión y sus malos sentimientos durante seis años.
Con todo ello viene el dilema. La matanza de Puerto Hurraco pue­de ser contemplada a la luz de una historia secular de rencillas y con­flictos que culminó de esa manera como podía haber culminado de cualquier otra parecida, o bien esa tragedia hay que observarla a tra­vés de esta última escena, mucho más reducida, mucho más actual, mucho mejor iluminada. Si fuera así, lo que se ofrece a la vista es el cuadro de cuatro hermanos encerrados en sí mismos, con antece­dentes psiquiátricos y con manifestaciones de desequilibrio patentes, aislados en un pueblo de Badajoz que ni siquiera es el suyo, armados hasta los dientes y profiriendo amenazas constantes, ante la pasivi­dad de instituciones y vecinos. Después se conocería el dominio pa­tológico que los mayores ejercían sobre los pequeños y también sal­drían a la luz abultados rumores sobre la vida de los Izquierdo. Pero no había ninguna necesidad de ello, porque un simple vistazo a los historiales clínicos, al entorno familiar en el que habían crecido y aprendido, a su vida cotidiana y a sus hechos cotidianos, habría bas­tado para anticipar un pronóstico de lo que podría ocurrir y de lo que fatalmente ocurrió.
Los desheredados
La historia de la España negra y profunda siempre ha servido ha­cia dentro y desde fuera. Desde fuera, el que más y el que menos ya sabe cómo ha funcionado. Pero, paradójicamente, también ha sido eficaz a la inversa, tapando la desidia de la sociedad civil y de las instituciones públicas, y arrojando al pozo sin fondo de la concien­cia de un pueblo que se ha movido entre la supervivencia y el olvi­do todos los desastres que nadie era capaz de asumir.
Desde un punto de vista literario y dramático conmueve descubrir que un pueblo de doscientos habitantes guarde en su memoria cen­tenaria un arsenal de disputas que van desde lo ridículo hasta lo ca­tastrófico, con nombres y apellidos, con detalles minúsculos trasmi­tidos de padres a hijos como las palabras de una liturgia, y que la tragedia corone finalmente esta memoria. Pero desde el punto de vis­ta de los hechos, lo único que se acerca a los motivos verdaderos —más allá de las leyendas que nos dejan tan enaltecidos como vulne­rables— es la constatación de que cuatro personas enfermas, indivi­dual y socialmente enfermas, armadas, aisladas y sin escapatoria an­te el mundo, explotaron un mal día en un clima colectivo de asombro que sustituyó automáticamente a una colectiva indiferencia.
Como en las malas películas, todo trató de resolverse judicial­mente. Los juicios tienen la virtud de aplicar condenas y de trasfe­rir las ideas de bien y mal a la potestad de un tribunal o de un ju­rado que, en realidad, sólo se ocupa de crímenes y castigos. El juicio de los hermanos Izquierdo causó la misma expectación que la trage­dia y dejó las cosas en el lugar donde se quedan las cosas intocables.
El 17 de enero de 1994, Antonio y Emilio Izquierdo se sentaron en el banquillo de los acusados, cuando ya se había decidido la re­clusión de sus hermanas en el hospital psiquiátrico de Mérida con un diagnóstico de «delirios paranoides». José Gómez Romero, el psi­quiatra que las tenía a su cargo, declaraba en esas fechas, tres años y medio después de su ingreso, que «Luciana y Ángela han mejora­do algo, poco a poco, pasean con otras internas y, sobre todo, Ánge­la ha desarrollado un poco de su personalidad, condicionada por la de su hermana hasta el punto de que, al principio, las cogías por separado y te hablaba utilizando las mismas expresiones que Lucia­na» (EL PAÍS, 23 de enero de 1994). En el juicio, los peritos psiquiá­tricos llegaron a la conclusión de que Emilio y Antonio Izquierdo su­frían «alteración de la personalidad de carácter paranoide». Cosa que, al parecer, «no alteraba el plano de la conciencia», si bien «so­bre esta personalidad, que constituye terreno abonado, hay una vi­vencia (la muerte de la madre) que es vivida de forma muy trau­mática por estas personas y se convierte en una idea sobrevalorada (la venganza) que invade el campo psíquico del sujeto. En este sen­tido estimamos que su capacidad volitiva podría estar disminuida» (EL PAÍS, 18 de enero de 1994). Dado que la psiquiatría se mueve por el mundo como si fuera una ciencia, hay cosas que los legos no pue­den entender. Por ejemplo, el que la conciencia no se altere cuando hay una idea sobrevalorada que invade el campo psíquico del suje­to, disminuyendo además su capacidad volitiva. Misterios del ser.
Los magistrados, en los fundamentos de derecho, afirmaron además que Emilio y Antonio no eran enfermos mentales, exponiendo el he­cho de que ambos «eran capaces de manejar un rebaño de ovejas de unas 1.000 cabezas» y que tenían fincas arrendadas, «consiguiendo, a pesar de la crisis por la que atraviesa el campo, poseer una carti­lla de ahorros con unos diez millones» (EL PAÍS, 26 de enero de 1994). Es decir, habría una relación inequívoca entre la salud mental y la gestión económica y agropecuaria. Estaríamos aquí ante una especie de protestantismo psicológico —visto a través de la doctrina de la predestinación mental.
Así pues, los delirios paranoides de los hermanos y de las herma­nas Izquierdo tuvieron distinto final como consecuencia de la dife­rente relación con el gatillo. La justicia actuó sobre los hechos y se limitó a sancionarlos, salomónicamente, con sus dos espadas con­temporáneas: el psiquiátrico y la cárcel. El 25 de enero de 1994, An­tonio y Emilio Izquierdo fueron condenados a 688 años de cárcel perfectamente divididos entre ambos como autores criminalmente responsables de nueve asesinatos consumados y seis frustrados. Los ponentes afirmaron que los dos hermanos prepararon por «vengan­za» un «plan de exterminio del mayor número de habitantes posible de Puerto Hurraco».
Aunque la Justicia dictó sentencia, y con ella la sentencia del ol­vido o del comienzo del olvido, lo cierto es que, más que disipar la temida imagen de España, la reveló en fotografías nuevas. La mitad locos o idiotas, la mitad asesinos carniceros. Y, sin embargo, habían pasado muchas otras cosas sobre las que no se podía dictar senten­cia como la abrumada existencia de esas cuatro personas encerradas en una casa de Monterrubio de la Serena hablando con sus fantas­mas en un idioma delirante, o la supervivencia en un entorno capaz de trasmitir de generación en generación la forma en que unas ove­jas se saltaron unas lindes de tierra amontonada para provocar una refriega. El mundo es complicado y la ley lo simplifica en términos de habitabilidad convencional, cuando la ley se cumple. Pero, con toda certeza, la masacre de Puerto Hurraco debió servir para llevar a la superficie una imagen de la España actual más allá de los tópi­cos y de las ideas conformadas a las que invita la desidia intelectual de la que somos ancestrales herederos. Muchas regiones rurales es­pañolas están todavía iniciando el siglo XX y esta situación no se re­fiere solamente a medios materiales de vida o a capacidad de pro­mover recursos, sino también al lugar que ocupan en el proyecto de este país. El abandono a su locura de los cuatro hermanos Izquier­do podría ser también el abandono a que se ha sometido a una vas­ta extensión de la vida española que no encuentra su sitio en ningún proyecto y que no se ve reflejada en ningún futuro. La España ne­gra no está hecha de ningún material particular. Si está hecha de al­go es de los ojos que no quieren mirarla.
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2017.02.06 19:23 Espartaco17 Yo también voto mezclado

A estas alturas nadie puede llamarse ya a engaño, podemos está dominado por la cultura de la guerra a muerte entre facciones, y en la guerra vale todo, por tanto el juego sucio, la mentira y la difamación sólo es un recurso más entre otros, y ya no se valora si es o no indecente, si su uso es o no prudente, medido y proporcionado al objetivo que se persigue, minusvalorar lo más posible a los adversarios de la competencia electoral, asimilados a enemigos que hay que aniquilar.
imaginemos que de Vistalegre II saliera una organización donde unos grupúsculos o camarillas de fanáticos adquirieran el poder, informal pero real, de liquidar a cualquier militante o cargo público usando campañas de desprestigio con matones profesionales en redes sociales, y recurriendo a insultos fetiche prefabricados y ya disponibles para hacer acusaciones delirantes sin pruebas ni análisis ni argumento alguno, que no serán necesarios por haberse instalado un relato general en la percepción dominante entre las bases de que estamos continuamente amenazados por un enemigo interno proteico y omnipresente, que requiere enérgica vigilancia y periódicas campañas de purga y persecución."Bah, sólo es otro judío o amigo de judio, nada bueno ni verdadero puede salir de ahí, no perdamos el tiempo con su insolvencia moral e intelectual,aplastémosle sin contemplaciones como la cucaracha que es".
la historia política de la izquierda está llena de refriegas cainitas y derrotas autoinfligidas por no haber sabido controlar a tiempo los excesos sectarios.También hay muchos ejemplos de cómo un SG con amplios poderes puede convertirse en un adorno,"un florero" o un atrezzo de "cartón" por la vía informal de que una camarilla o guardia pretoriana, filtrando todas sus relaciones y controlando su agenda, acabe de facto por usurpar las potestades legales del lider, inherentes al cargo, y administrarlas sin haber sido elegidos para ello.Así habría una privatización encubierta del poder, en beneficio de una élite autonombrada vanguardia ética dela Humanidad ("sólo nosotros nos deslomamos en la lucha por la justicia, mientras los demás se alienan en el consumismo capitalista degradante, tenemos derecho natural aun poder sin restricciones ni normas de control porque nuestro criterio carismático ya garantiza per se la bondad de nuestra ejecución").Aunque habría que añadir que estas patologías sí que son transversales y afectan a la "derecha" tanto como ala "izquierda", y amenazan tanto a Iglesias como a cualquier otro u otra que lo sustituyera.
Establecer una jerarquía inquisitorial de culpabilidades para proceder después a repartir castigos, con la fruición narcisista de quien se arroga autoridad soberbia que no tiene, eso no entra en mis propósitos.La lógica maniquea de "buenos y malos" no la cancelamos por invertir la distribución de posiciones entre unos y otros, cambiando "el equipo de Iglesias son los leales y puros y los errejonistas los traidores y vendidos" por "todos los buenos y perseguidos injustamente están en los errejonistas".No hay buenos ni malos, sino que todos somos malos, todos somos responsables de lo que está pasando, por acción u omisión.El nivel de desastre en que estamos sumidos sólo ha sido posible porque todos lo estamos alimentando, con cada infundio, con cada insulto o con cada intervención bienintencionada en hilos calculados sólo para agredir y que se sirven de cualquier aportación, sin importar su contenido para prolongar y aumentar el ruido global.Bases y dirigencia estamos todos atrapados en una furia infernal que nos arrastra sin remisión, como alguien ha dicho "la guerra se alimenta de sí misma", y todos y todas somos la carne de cañón que la sirve, como combustible y como acción, tanto agentes como pacientes.
la crítica que hago alas declaraciones de Luis Alegre(que desde luego no miente, porque no depende de nadie para vivir, ejerce su mayor vocación como profesor universitario de Filosofía, con un trabajo bien remunerado y garantizado, no busca ni necesita poltronas ni sueldo político, no está en ninguna cadena jerárquica, no hace favores a ningún capo para que le premie con un ascenso en un juego de poder en que no participa, no hay razón concebible para que quiera mentir) es que no logra romper la guerra de facciones, porque dejan margen a que los facciosos de un signo las malogren como tesis de parte y así puedan despreciarlas como una triquiñuela más del adversario en la lucha por el poder.no han logrado el prestigio y autoridad indiscutibles de una verdad suprapartidista que nos impresione a todos con su grandeza y nos obligue a apearnos de la insensatez colectiva y retomar los altos ideales de un país mejor, compasivo, cohesionado, que no deja en la cuneta a nadie, que pone coto la codicia delirante de una oligarquía agotada en su legitimidad histórica, y que destruye al país entero en su loca pretensión de durar para siempre, después de que su tiempo ya se acabó.
Así pues,Alegre dice verdad, pero no toda la verdad, sólo habla de lo que conoce y le importa personalmente, pero deja fuera de su campo de atención que los peligros para nuestra concordia no vienen sólo de donde dice.Insisto, todos somos culpables, pero aún tenemos una oportunidad de resolver esta crisis y salir, todos,y todas, reforzados.Carlos Fernández Liria y Javier Mestre han propuesto enviar un mensaje contundente a todos los liderazgos y a todos los grupúsculos sectarios y ambiciosos, con una solución que minimizaría la influencia de estos últimos, y obligaría a los líderes a un continuo esfuerzo de negociación, composición de perspectivas y equilibrio sintético de posiciones.Un CC híbrido en cohabitación con un SG fuerte con un apoyo masivo de votos y bajo su propio documento político-organizativo sin recorte de potestades legales, establecería la irrelevancia de los enfoques excluyentes y extremistas, dificultaría enormemente el poder de las camarillas para instigar campañas de odio interno destructivo por apetito de poder personal.Además un modelo así no sacrificaría la fortaleza del liderazgo ni la necesaria agilidad y eficacia ejecutiva para responder alas demandas urgentes de los momentos críticos, donde una larga negociación no es posible, esta se reservaría para el lento ritmo de la legislación, los acuerdos y las transacciones.
Pablo iglesias ha dicho que "si no gana mi lista no lideraré el partido".Bien, pero esto son declaraciones coyunturales de campaña, su vía de escape para reconsiderar su actitud tras las elecciones sería la ambigüedad de la expresión "perder" que, deliberadamente no está definida. Iglesias es un político práctico y con fina sensibilidad para las reivindicaciones populares más contundentes.¿Seguiría considerando una derrota que sus documentos político-organizativo tuviesen la mayoría, la SG tuviese un apoyo masivo de votos, y sin embargo tuviese que compartir el CC con una buena representación de los otros sectores?¿No vería en eso un mandato aabrumador de las bases, los dueños legítimos y soberanos del partido que le están dando una orden? y además una orden racional que se puede cumplir perfectamente.Aquí no hay ninguna duda, como en la idea errejonista de disociar programa de liderazgo personal, que ciertamente es discutible si es congruente y posible tal forma de "cohabitación" o división de poderes:pero creer que es posible no es igual a mentir,en el caso peor, sería un error; por eso Echenique, quizás sometido ala fuerte presión de un clima enrarecido que ha exacerbado, fuera de todo límite sano, la competencia entre grupos, ha confundido cosas muy distintas en sus críticas aErrejón.Pero sí es tajantemente posible y operativa la disociación entre Programa y SG, por un lado(serían como la Constitución y el poder Ejecutivo), y el CCpor otro(sería el poder legislativo con margen propio para traducir en cada coyuntura las normas abstractas programáticas en directrices concretas para el SG que este podría impugnar ante la Comisión de Garantías,(poder judicial) si las considerase contrarias al Programa(inconstitucionales)
Para mí lo ideal sería un estricto empate entre 20 consejeros/as para cada sector,pero si saliera 50%(Iglesias) 40%(Errejón), 10%(Urbán), eso ya bastaría para aponer coto ala degeneración sectaria y la escisión de nuestro partido, que es hoy nuestro principal peligro.Decía qque todos somos responsables deld esatre actual, eso incluye al SG que no es una divinidad evaluable sólo con categorías sobrehumanas, también tiene que rendir cuentas por esto, y será el primero en reconocerlo, habiendo insistido tanto en esta idea en muchas de sus comparecencias públicas.El SG habló de "vergüenza" y "perdón"al mostrase humilde ante la opinión pública por el espectáculo de la guerra fratricida.Pero esta no ha parado,ha crecido aún más virulenta a cada hora, haciéndose ingobernable por completo.La grandeza de iglesias reside en que jamás rehúye responsabilidades, un CC híbrido sabrá leerlo como la medida de emergencia que las bases proponemos para cortar en seco lo que nadie supo evitar hasta ahora, y sabrá asumirlo como el cierto castigo a su incapacidad, compartida con la nuestra, de parar nuestra degeneración, al rechazar su propuesta inicial de lista monocolor. La lista híbrida la considero la solución mejor para salir ya del pozo en que estamos metidos, aunque no la defiendo como la infalible formula organizativa para siempre y en cualquier contexto, y en eso me alejaría de anticapitalistas y errejonistas en suponer que toda concentración de poder y homogeneización de órganos constituidos es siempre mala para la integridad del poder constituyente, las Bases Soberanas, aunque la condensación actual que reclama iglesias ha dejado de ser conveniente por la guerra fratricida sobrevenida, que lo cambia todo por la urgencia de eliminarla y no dar opción a ninguna camarilla desnortada y obnubilada por el "poder del anillo", borracha por el súbito y descomunal éxito electoral. En los momentos extraordinarios el Pueblo, como poder Constiuyente comparece como una parte que reclama ser el Todo, en una acción deslumbrante de concentración enorme de energía social ,al margen de toda norma y vía prefijada, como poder anómalo y salvaje que nadie puede resistir, como sujeto hegemónico de poder condensado de facto, aunque el derecho vigente, como poder constituido, le negase potestad legítima alguna;Ahora es prematuro saber si estamos en situación prerrevolucionaria,donde el poder constituyente irrumpe como todo que desborda las leyes,o una situación más "normal" donde el pueblo comparece como parte organizada, como mero cuerpo electoral conforme alas normas ya dadas, en dialéctica con otros órganos constituidos, con su lugar propio y orientado a desarrollar el potencial aún no agotado de la Constitución vigente, Este es el Pueblo como primus inter pares de la División de poderes, una parte en juego con las otras, constreñida por ellas y al tiempo limitante suya, dispersando y desconcEntrando el poder en muchas instituciones con funciones propias.Creo que Errejón tiende a pensar esto último,e Iglesias lo primero. Errejón se mueve más cómodo en los periodos institucionales de lucha, equilibrio y orden, es un temperamento clásico, aristotélico, empírico, pero IglesIas es más dramático, romántico, platónico, orientado a las transiciones bruscas, alas grandes emergencias de lo nuevo, a los momentos heroicos de gran intensidad emocional y temporal y de pensamiento y acción.Uno se orienta a conquistar el futuro,una nueva aurora incógnita; otro a consolidar lo ganado y administrarlo en el presente con vocación de durar y que el futuro se parezca y repita lo ya pasado.Ambos perfiles son complementarios, expresan dimensiones constitutivas, opuestas pero mutuamente solicitantes, de la acción política humana, en todo tiempo y ligar.Es una barbaridad, producto de una gravísima ignorancia, contraponerlos como egos psicológicos en disputa, no son yoes narcisistas, sino emblemas de dos momentos conjugados y necesarios de todo momento "populista" de cambio político, su ejemplo e inspiración nos instruye a diario sobre lo que hay que hacer para cubrir todo el espectro de exigencia para consumar los cambios en toda su integridad y extensión.Perder alguno es quedarnos mancos en nuestra potencia. Pero esto es un debate político serio que no puede tenerse si primero no limpiamos la basura en el campo de juego, cuya pestilencia nos asfixia a todos.El mero anuncio verosimil de que un lista mezclada podría ser la ganadora creo que ya lo cambiaría todo para mejor.
Ahora quiero confesar algunos datos personales, para que entendáis bien mi posición.Mi madre ,a los doce años ya tenía que ir a lavar la ropa de su familia a un rio, el peso era tan grande que con el correr del tiempo, le han aparecido secuelas en forma de dolores crónicos que no tienen cura. Sus juguetes eran un palo y un a patata con agujeros a guisa de ojos, que hacía las veces de una muñeca. Pasaba largas horas sola entre los maizales, con su muñeca y ensoñaciones de niña.Hasta los catorce años no llegó la luz eléctrica a su pueblo, el primer yogur lo tomó cuando se casó, alos 27 años.Nunca en su infancia y juventud, tuvo nada, y sin embargo es la persona más alegre y luminosa que haya conocido, cuya abnegación y entrega incondicional a sus seres queridos ha sido el ejemplo de integridad más majestuoso que haya conocido, si hay algo que valga en mí, es porque ella me lo entregó y lo ha nutrido siempre,incansable, con su amor.Al igual que la madre de Camus, ella también madrugaba para prepararme el desayuno cuando tenía que ir al colegio, y una de sus tareas, era limpiarme los libros que llevaba,para ir bien pulcro.Los limpiaba con tal morosidad y delicadeza, que parecía un orfebre puliendo una joya.Con cada libro de aquellos que ella me limpiaba, me adentraba yo en un mundo maravilloso que ella no había conocido nunca, ni conocerá, pero sabía que yo debía ir lejos, muy lejos de ella, allí donde ya no tendria posibilidad alguna de hablar conmigo de nada, ella, tan pequeña y humilde,entre sus pucheros y almohadas, y yo tan intelectual, tan soberbio poseedor del lenguaje del poder, y experto en la alambicada retórica con que los amos han acogotado y humillado siempre a los siervos.Pero yo he tratado siempre de usar el instrumento del amo contra el amo, y vengar a mi madre por haber sido privada de tantas cosas por la injusticia tiránica del mundo.Aunque cuando lo pienso mejor, creo que ella siempre gozó de la mayor riqueza, la capacidad de amar a otro más que a sí misma, y vivir en éxtasis generoso hacia los demás, desplegando sin aspavientos ni estridencia ni presunción alguna, el mismo amor, a pequeña escala, que alimenta la trama viviente, a gran escala, dela empresa cooperativa de las generaciones humanas a través de los siglos, y eso es la inmortalidad.Mi madre vive en la inmortalidad del amor, en cambio, nosotros , con todos nuestros privilegios mimosos, que tuvimos gracias a nuestros padres,que lo dieron todo por nosotros, con nuestros viajes, licenciaturas universitarias, nuestros cacharros tecnológicos y banales,nuetras redes sociales, nuestros eventos culturales y entretenimientos hypster y cool, ¿qué engendramos?¿engendramos algo en la belleza, como Platón definía el amor?Mis padres son de una generación que, con sus manos desnudas, en un país que era un muladar de miseria , hambre y represión,pusieron con su esfuerzo las condiciones para el despegue económico y la apertura de oportunidades de vida que después hemos disfrutado nosotros.Pero la herencia admirable que recibimos de nuestros ancestros, cada generación debe merecérsela, hacerla apropia con su propias gestas, agrandarla y lanzarla así aumentada a nuestros descendientes.¿Y nosotros qué hacemos, demostrmos que no vivimos para nuestra panza narcisita y mezquina, sino para grandes ideales mayores que nosotros?¿dejaremos nuestra ejemplaridad como legado a nuestros hijos?Yo sólo veo con qué masoquismo loco nos revolcamos en la vileza, en la calumnia, el insulto y el chismorreo más insubstancial, tiramos nuestra vida por el retrete y saboteamos nuestra última oportunidad de cambio político, antes de caer en el abismo de una cárcel de otros cuarenta años, donde nuestros padres, hermanos y hermanas, e hijos e hijas, y cónyuges, tendrán que llevar una vida oscura de esclavos y sabandijas arrastradas ante los jefes despóticos de un Régimen restablecido que buscará venganza frente a quienes se atrevieron a desafiarlo, y serán arrojados si piedad a una miseria de generaciones.he tenido que soportar cómo personas, antaño razonables de la plaza, se volvían energúmenos vociferantes, que ya no piensan ni anlizan nada, sólo gritan improperios, y lindezas del tipo"que se vaya ala mierda""aplastémoslos como cucarachas", "vete a tomar por el culo", ya sí día tras otro cada hora, cada minuto, cada vez más hundidos en la infamia.¿ya no os respetáis a vosotros mismos?¿no sentís aún un avergüenza abrumadora? Yo espero que los agitadores profesionales , inducidos por dirigentes insensatos de todo signo, y los militantes que, de buena fe, repiten como loros las consignas oídas a los primeros, en quienes confían, sean fulminados como un rayo por una vergüenza y autodesprecio tan intensos que puedan rectificar y evitar su paso por la vida como sombras inútiles y tristes, sin resplandor ni dignidad alguna, saboteando lo mejor de sí mismos con el boicot letal a nuestro partido, y a su través, del país entero, amenazando con privar a millones de personas de su única defensa posible frente ala Troika.
he hablado poco de mi padre, porque no llegué a conocerle muy bien, cuando tenía yo 18 años y había empezado a estudiar primero de medicina, murió en un accidente laboral "in itinere", al atajar, camino de la empresa en que trabajaba , por un tramo peligroso de vía férrea de RENFE, que estaba sin la debida protección de un paso anivel con barrera.otros muchos obreros habían muerto ya allí, atropellados por el tren, y otros más siguieron muriendo después, jamás ningún tipo d Autoridad tomó medidas para arreglar esto, ya que en nuestra sociedad, moderna e ilustrada, la vida de ciertos grupos de población no vale nada.La clase obrera de este país sigue pagando ala brutalidad patronal un severo tributo de sangre,de modo que tres de cada cuatro accidentes mortales en la UE ocurren en España.Sin comentarios.Tras la muerte de mi padre, la empresa pública en que trabajaba, dirigida por altos cargos del PSOE,me comunicó la supresión de mi beca de estudios,ya que"había terminado el vínculo del trabajador con la empresa"(eufemismo burocrático de fina sensibilidad, como se ve, para decir que mi padre había muerto,y, si no trabajaba, ya no financiaba la beca con su esfuerzo productivo).pero hete aquí que la empresa pública de marras era deficitaria, se financiaba no con el output productivo delos empleados vivos, sino a cargo de los presupuestos Generales del Estado, que nutrían también el programa de becas, luego no había razón alguna para suprimir la beca con la muerte del trabajador, ya que no era su trabajo vivo el origen de la financiación de aquélla.los sindicatos, que enegociaban el blindje de las becas frente ala muerte del empleado, me propusieron servirles deariete presentando un areclamación personal.Un gerifalte de la empresa se entreevistó conmigo en su lujoso despacho.Tenía el carnet del PSOE, ya ante mis insistencias bastante molestas, a lo que se ve, montó ne cólera y me soltó una soflama indignada neoliberal, y cómo las empresas debían tener derecho adespedir amiles d etrabajdores de un sólo golpe, si eso aseguraba la viabilidad empresariasl, y esta dureza era lo que traería la prosperidad en una economía d emercado.Recuerdo quee ste tipo cobraba un abultado salario de los presupuestos públicos.En aquel momento me juré que jamás votaría al PSOE,y así hasta hoy,jamás pensé que me hubiera equivocado.Dsede luego me quitaron labeca, y los otros huérfanos d elos siguientes obreros muertos, también se quedaron sin ella.Sobrellevé el dolor por mi conciencia política, que trasmutó la pasión privada en condolencia pública, Al preguntarme yo no "¿cómo puedo librarme de mi dolor?" sino "¿cómo tiene que ser el mundo para que el dolor sea posible en general?¿cómo podemos extirpar el dolor de todos?", Hallé alivio y consuelo, y sufrí una transformación.Al averiguar las causas políticas y colectivas del dolor privado, me libré de él, y desde entonces no abndono el compromiso con la verdad y la justicia, aunque suen algopresuntuoso, la verdad, pero no se me ocurren mejores palabras.Ahora bien, para honrar la memoria y ejemplo de mis padres, para que mi padre no haya muerto en vano, no puedo consentir de ningún modo que la mejor parte de mi destino, aquélla que me hará definitivamente digno de la devoción que mis padres pusieron en mí, es decir, mi impronta en este proyecto político, el mejor delos últimos cuarenta años, mi oportunidad para dejar como legado un mundo mejor que el que recibí;no puedo consentir, decía que dirigentes insensatos, o sus mequetrefes mamporreros, sin cerebro ni corazón , o incautos irreflexivos destruyan y conviertan nuestra casa en un estercolero.para proteger la cadena de ejemplo inspirador entre las generaciones, que hoy pasa por podemos, soy capaz de incendiar el mundo.Todos podéis, en soledad, cuando no valen ya las máscaras, y ya no podéis engañaros,haceros estos mismos razonamientos, identificar lo correcto, cómo podéis dar lo mejor de vosotros mismos, para honrar a vuestros amados, y regalarles la esperanza real de un mundo de hombres y mujeres libres y erguidos, no con el orgullo de la codicia pequeña y sórdida, sino con el amor de un rayo de sol que nos atraviesa atodos y merece perdurar por toda la eternidad.Vosotros elegís, yo ya lo hice, y por eso, ahora, por encima de todo, yo también voto mezclado, porque no quiero revolcarme más en el insulto, la vileza y la calumnia. ¿De que lado estáis?Salud y firmeza.
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2016.04.03 11:49 EDUARDOMOLINA ALIERTA, UNO DE LOS VUESTROS.El presidente de Telefónica ha sido una pieza útil para los intereses del bipartidismo. Jugando con las puertas giratorias, los altos dividendos y un delito prescrito, ni se va del todo ni se va de vacío: 50.000 millones de deuda y 35 de pensión.- Ana Tudela.- ctxt.es

http://ctxt.es/es/20160330/Politica/5129/Alierta-Telefonica-Prisa-Tabacalera-Altadis-Botín-Abril-Martorell-Aznar-PP-Zapatero-Economía.htm
"14 de abril de 2009. Audiencia Provincial de Madrid. 8.45 horas de la mañana. Todo el mundo espera la llegada de la jueza Manuela Carmena, hoy alcaldesa de Madrid, encargada de presidir el tribunal que juzgará a una de las personas más poderosas del país, el presidente de Telefónica. César Alierta ya ha llegado y espera junto a la puerta de la sala rodeado de su terna de abogados y de los primeros espadas de su numeroso equipo de comunicación. Los periodistas que cubren habitualmente el sector de las telecomunicaciones están allí, junto a él, pero no le preguntan nada. Ya han recibido las indicaciones oportunas. No toca. Una joven redactora de una agencia de comunicación llega unos minutos más tarde y ve el cielo abierto para conseguir unas declaraciones. Se acerca a Alierta, le pregunta amable y el presidente de Telefónica la despacha afeándole que sea la única que no se ha enterado de cómo comportarse. El resto calla. Vuelve el silencio.
El juicio a Alierta es una pastilla de avecrem del caldo en el que se ha cocido España en las últimas décadas pero también de la figura del aún presidente de Telefónica. Un concentrado de ingredientes que no dicen mucho de los resultados de la gestión del zaragozano al frente de la gran multinacional española (un gigante hoy presente en 20 países y con 322 millones de clientes que se ha colocado en primera línea del sector a nivel mundial) pero sí de ese toque de sabor que trajo consigo. Por eso es tan útil ese momento para empezar a desmenuzar la figura de Alierta. Todo estaba allí, amalgamado pero presente: el control de la inmensa mayoría de los medios (que en su mayoría no destacaron la información del juicio incluso cuando la sentencia demostró que hubo delito aunque se considerase prescrito); su pulso con Pedro J. Ramírez (que impulsó el caso en 2002 desde las páginas de El Mundo meses después de ver frustradas sus intenciones de hacerse con Onda Cero, entonces parte de Telefónica Media); la estrecha relación con la familia de su mujer (ya que el juicio por uso de información privilegiada se debió al enriquecimiento del sobrino político de Alierta Luis Javier Placer con la compra de acciones de Tabacalera cuando Alierta presidía la compañía) y el logro de haber sabido situarse de verdad en el centro del tablero político, a salvo de los ataques de uno y otro polo del otrora todopoderoso bipartidismo, convirtiéndose en pieza útil para los intereses de todos. Porque si el PSOE había pedido mil y una explicaciones, comparecencias e intervenciones de la Fiscalía cuando se destapó el caso Tabacalera en 2002, para cuando se inició el juicio y se supo la sentencia ya no tenía nada que reprochar al presidente de Telefónica. El PSOE estaba en el poder y Alierta era un amigo. Un dato: uno de los peritos de parte en favor de Alierta en el juicio fue José Manuel Campa, nombrado mes y medio después de que se iniciase el proceso, secretario de Estado de Economía por el Gobierno de Zapatero.
Pedigrí popular
Hubo un tiempo en que lograr la empatía de la práctica totalidad del arco parlamentario no parecía tarea fácil. Alierta ha sido y es un hombre con siete apellidos del PP, cosido por línea directa a un pasado que apunta directo al bando vencedor de la Guerra Civil. Su padre, Cesáreo Alierta Perela (1909-1974), “se incorporó voluntario el 18 de julio de 1936 al regimiento de infantería Génova como oficial de complemento y después de la Legión” para luchar con el ejército sublevado. Así lo explica La Vanguardia Española en su edición del 1 de marzo de 1966 con motivo del nombramiento de Alierta Perela como alcalde de Zaragoza en aquellos tiempos en los que no era el vecino el que elegía al alcalde sino el ministro de Gobernación a propuesta del Gobernador Civil. “Terminada la guerra”, continúa La Vanguardia Española, el padre de Alierta “en la vida civil dedicó sus actividades a negocios industriales”. Y “en 1952, fue elegido presidente del Real Zaragoza Club de Fútbol”, que hoy le debe entre otras cosas la construcción del Estadio de la Romareda.
El joven Alierta Izuel (Zaragoza, 1945) creció en una familia adinerada y de moda, ligada a la política y al fútbol nada menos, rodeado de constantes loas a su apellido y habituado a pasar en Zaragoza por una calle con un nombre igual al suyo, el de su padre. Su padre, el alcalde a quien al despedirse del cargo por motivos de salud ABC le dedicó aquella columna el 6 de junio de 1970 de la que podrían haberse copiado ahora algunas frases para incluirlas en las crónicas sobre la marcha del hijo, huérfanas en su mayoría de crítica salvo por parte de alguno de los habituales ya mencionados. “Deja una corporación ágil, moderna y capacitada para las nuevas funciones que en su día puedan encomendársele”, dijo ABC del padre. “Bien puede decirse que ha declinado el puesto en olor de muchedumbre” (sic), añadió.
Su hijo Alierta Izuel lo tenía todo para triunfar en este país donde el dinero y las buenas conexiones eran fundamentales. El único hándicap parecía ser su enorme timidez, un rasgo del que hablan no pocos de los que lo han tratado, que aseguran incluso que ha podido mostrarlo como alguien menos lúcido de lo que es. Algunos recuerdan su nerviosismo en 2010, a pesar del poder que acumulaba ya, cuando tuvo que pronunciar un discurso en aquella cena con la canciller alemana Angela Merkel y el entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en Hannover, con motivo de la feria tecnológica Cebit. Resulta difícil relacionar esa imagen del Alierta tímido con el mismo joven al que los rumores sitúan de madrugada de juerga con los amigos tomando prestado un tranvía de Zaragoza para darse una vuelta. Quizás sólo sean rumores.
“ Los contactos le catapultaron a la primera fila en el momento adecuado. Su conocida cercanía con Rodrigo Rato, que le ha traído el último disgusto un día después de anunciar que se marcha de la compañía, dicen que le vino a través de un paisano, Manuel Pizarro ” Hizo sus propios méritos antes de aterrizar en la era de las privatizaciones, que lo llevó hasta el asiento de honor del empresariado español. Se habla de su buen hacer siendo muy joven como gestor al frente del área de Mercado de Capitales del Banco Urquijo y después como presidente de la agencia de valores Beta Capital, que sería adquirida por el polémico Javier de la Rosa. Si fue brillante en esa etapa, fueron los contactos los que lo catapultaron a la primera fila en el momento adecuado. Su conocida cercanía con Rodrigo Rato, que le ha traído el último disgusto un día después de anunciar que se marcha de la compañía, dicen que le vino a través de un paisano, Manuel Pizarro.
El expresidente de Endesa habría introducido a Alierta en los círculos del PP poco antes de que José María Aznar ganase las elecciones de 1996. Una vez en Moncloa, los populares se apresuraron a terminar la tarea de privatizar la gran empresa española que habían iniciado los socialistas, tras cuyos gobiernos ya solo quedaba en manos del Estado el 21% de Telefónica, el 28,1% de Argentaria, el 10% de Repsol, el 3,8% de Gas Natural, el 52,4% de Tabacalera y la gran joya de la abuela: el 67% de Endesa.
Antes de ponerse a privatizar como si no hubiera un mañana, los populares colocaron a sus allegados al frente de las empresas que iban a pasar casi por completo a manos del mercado. En cuestión de meses, los elegidos se rodearon de consejeros a los que se colgó el cartel de independientes pese al dedazo que los había señalado, y cambiaron los estatutos de las empresas blindándose con normas como la obligación de llevar tres años en el consejo para ser nombrado presidente o en su defecto lograr el apoyo del 85% del consejo (como se impuso en Telefónica, lo que acabaría beneficiando a Alierta, como se verá).
Los elegidos
No fueron seleccionados con luz y taquígrafos, que al fin y al cabo esto es España, sino en reuniones en petit comité con la participación habitual del entonces todopoderoso vicepresidente económico Rodrigo Rato, el ministro de Industria Josep Piqué, y los poderes fácticos: Josep Vilarasau, director general de La Caixa, y Emilio Ybarra, presidente del BBV. La participación de las entidades financieras en el capital de las privatizadas y su papel de núcleo duro es también marca made in Spain ideada por los gobiernos de Felipe González, una rara avis que no se ha dado en otros países de Europa con procesos de privatización similares.
Gracias a su relación con Pizarro, Alierta es seleccionado para la presidencia de Tabacalera como hombre de Rato y con el aval añadido de ser amigo de Francisco González, el primero al que colocó el Gobierno de Aznar al frente de Argentaria, en sustitución de Francisco Luzón y hoy aún presidente del BBVA (uno de los pocos que van quedando de la vieja guardia).
Su paso por Tabacalera fue el que tenía que ser en aquel momento en que el sector estaba inmerso en pleno proceso de consolidación dado el declive del consumo de tabaco en el mundo salvo en el mercado de puros, en el que Alierta colocó a Tabacalera como líder mundial. El zaragozano se dedicó a sanear. Cerró fábricas, recortó gastos y se encargó de fusionar Tabacalera con la francesa Seita, lo que dio lugar a Altadis.
Pero en medio de esa gestión se cruza la mayor mancha de la trayectoria de Alierta. La que lo llevará al mencionado juicio. Según la sentencia que firma Manuela Carmena, se consideran hechos probados que “Cesáreo Alierta ideó la forma de aprovechar el conocimiento de determinados datos sustanciales relativos al mercado bursátil por las operaciones que se iban a realizar y la repercusión que iban a tener (…) para obtener una ventaja patrimonial considerable”. Esas operaciones eran la decisión de comprar activos de la división de cigarros de la americana Havatampa (operación anunciada a los mercados a través de la CNMV el 11 de septiembre de 1997) unida a la decisión de subir las labores del tabaco rubio nacional de mayor consumo (Fortuna) un 9,43%, tomada ese mismo 11 de septiembre de 1997 y comunicada a la CNMV cuatro días después.
“ El caso Tabacalera fue la mayor mancha de la trayectoria de Alierta. La operación durmió el sueño de los justos durante años en las tripas de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ” “Entendiendo que la noticia de la adquisición de la tabaquera antes mencionada iba a tener repercusión en el precio de las acciones de la sociedad (Tabacalera), (Alierta) se puso de acuerdo con Luis Javier Placer Mendoza (sobrino político del hoy presidente de Telefónica) para que, apareciendo este último como único interviniente de la operación fuese quien llevara a cabo determinada inversión (…) que iba a ser manifiestamente rentable”. Tan rentable como para suponer una ganancia de 309 millones de pesetas (de las antiguas, no hay otras de momento) en un lapso no superior a seis meses. Las acciones habían sido compradas además a través de la empresa Creaciones Baluarte, constituida por Alierta y su mujer y domiciliada en un principio incluso en su casa, mediante un crédito otorgado por el Banco Urquijo (la antigua entidad en la que había trabajado Alierta), préstamo que fue traspasado al sobrino junto con la sociedad a pesar de que los avales de uno y otro para responder de la póliza de crédito obviamente no eran comparables.
La operación durmió el sueño de los justos durante años en las tripas de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Porque sí hubo investigación por parte del regulador, dado el enriquecimiento de familiares del presidente de Tabacalera, pero el expediente tal cual se abrió fue archivado por el entonces jefe de los servicios jurídicos de la CNMV, Antonio Alonso Ureba, quien sería nombrado secretario del consejo de Telefónica cuando Alierta llegó a la presidencia de la teleco.
Presidente de Telefónica
La buena suerte no existe pero sí el cruce perfecto de factores, y eso es lo que llevó a Alierta al frente de Telefónica desde la presidencia de Tabacalera. Si en la primera ronda de elegidos fue el compañero de pupitre de Aznar en el Colegio del Pilar Juan Villalonga quien fue colocado en la presidencia de la compañía, las andanzas de este lo pusieron en el disparadero en pleno proceso de elecciones generales del año 2000. El cóctel fue letal: el escándalo de los planes de stock options para directivos, el intento de fusionar Telefónica con una empresa pública holandesa como era KPN en contra del núcleo duro y de buena parte de los independientes del consejo, y su estilo espectáculo, tan poco adecuado en época de decisiones de voto, sentenciaron a Villalonga pero no lo fulminaron. El error definitivo fue que dejase a su mujer, Concha Tallada, íntima amiga de la mujer de Aznar, Ana Botella, por la Miss México Adriana Abascal. Mucho se habló de cuánto tuvo que ver Aznar en la reapertura de la investigación a Villalonga por parte de la CNMV.
Había que buscar sustituto en Telefónica, una privatizada que seguía con la acción de oro en manos de un Gobierno que iba de liberal pero ponía y quitaba presidentes, y fue entonces cuando se vio que no era tarea fácil. Los cinturones de seguridad ideados por los elegidos eran realmente férreos. Se planteó elegir a alguien que no perteneciese al consejo, pero los fieles a Villalonga (Alberto Cortina, Martín Velasco, Pedro Ballvé) podían tumbar la votación; se planteó nombrar a Isidro Fainé, pero su acumulación de poder podía molestar a BBVA, y entonces Rato señaló a Alierta. Cumplía el requisito de llevar más de tres años en el consejo (llevaba cuatro). Hubo dudas. Algún consejero dejaría después caer a la prensa que en su paso por el consejo Alierta no había abierto la boca (¿de nuevo la timidez?), detalle que les hacía dudar si sabía algo del negocio de las telecomunicaciones. Pidieron un consejero delegado, un contrapeso, y entonces las miradas se volvieron hacia Fernando Abril, el hijo del vicepresidente del Gobierno con la UCD que había sido enviado por Villalonga al rincón de las Páginas Amarillas para que no le hiciera sombra. Abril fue nombrado consejero delegado de Telefónica.
“ Alierta nunca ha admitido una sombra de poder a su lado. Hay exministros que aún se sorprenden de que Alierta acudiese siempre solo a las reuniones, nunca con su segundo, como sí hacían los primeros espadas de otras compañías ” No duró mucho. Alierta nunca ha admitido una sombra de poder a su lado. Hay exministros que aún se sorprenden de que Alierta acudiese siempre solo a las reuniones, nunca con su segundo, como sí hacían los primeros espadas de otras compañías. El tándem no funcionó porque Abril chocó una y otra vez contra el muro levantado por Alierta sobre su cabeza. No fue el último en chocar contra el presidencialismo del zaragozano. Les pasaría también a Luis Lada o a Santiago Fernández Valbuena. A unos y otros que se rindieron a lo obvio, la imposibilidad de crecer en Telefónica. Se fueron sin hacer ruido porque, eso sí, Alierta se encargaba de que tuvieran todo solucionado al salir de la línea ejecutiva.
La llegada a la presidencia de José María Álvarez-Pallete puede parecer la excepción a esa norma y no lo es. Está en el momento adecuado sentado a la derecha del presidente. Pallete fue nombrado consejero delegado en 2012 después de una dura Junta de Accionistas en la que el 25% del capital representado, formado mayoritariamente por grandes fondos de inversión internacionales, votó en contra de la renovación de Alierta entre otros motivos por lo que consideraban una excesiva acumulación de poder. Telefónica ya no es lo que era tras la privatización, con el capital atomizado en manos de pequeños accionistas sin organización entre sí y las decisiones en manos de la ejecutiva y el núcleo duro. En este mundo en pleno cambio ya no resulta tan sencillo hacer y deshacer. Ni siquiera está claro que sirvan los incontables favores que se ha hecho al mundo de la política, porque el Parlamento se ha llenado de colores y España no tiene ni idea de quién va a firmar el BOE en la próxima legislatura cuando ya se han cumplido cien días desde las últimas elecciones generales.
La globalización de la puerta giratoria
El rescate de políticos a través de la puerta giratoria ha funcionado hasta ahora. Sin duda Telefónica durante la era de Alierta ha sido uno de los engranajes que han alimentado esa rueda en la que tanto tienen que ver de nuevo las conexiones y un concepto que es crucial para entender el perfil del presidente de la multinacional: el valor de la fidelidad. Por fidelidad se la ha jugado con quien ya solo podía complicarle la vida: como Rato, como Urdangarín.
La traición no se conjuga en casa de los Alierta. No hay vuelta atrás si se pasa ese umbral. Para hacerse una idea, en una conversación con un reducido grupo de periodistas hace años se le preguntó por la posibilidad de volver a patrocinar a Fernando Alonso, el bicampeón español de Fórmula 1, que había cambiado el monoplaza de Renault, con las pegatinas de Telefónica, por el de McLaren cuando este ya tenía en el alerón pintado el nombre de Vodafone. A Alierta se le ensombreció el rostro y mirando fijamente a quien preguntaba como no acostumbraba a hacerlo respondió algo que significaba “jamás” pero con otras palabras. Que el asturiano hubiera anunciado su marcha cuando McLaren ya tenía patrocinador después de haber recibido el apoyo durante años de Telefónica no era algo que Alierta fuese a olvidar Alierta.
Sea por fidelidad o por mantenerse a bien con el poder, en la teleco han encontrado sitio Elvira Fernández (esposa de Mariano Rajoy), Iván Rosa Vallejo (marido de Soraya Sáenz de Santamaría), Elvira Aznar (hermana del expresidente) o Andrea Fabra (hija del famoso presidente de la Diputación de Castellón condenado por defraudar a Hacienda, esposa del exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid Juan José Güemes y famosa por pronunciar aquel “¡que se jodan!” desde la tribuna del Congreso cuando el PP anunciaba una reducción de los derechos de las prestaciones de los desempleados).
Manuel Pizarro (hoy en El Corte Inglés) también tuvo su paso efímero por la teleco, donde también recalaron Carlos López Blanco, que había sido secretario de Estado de Telecomunicaciones, y Alfredo Timmermans, secretario de Estado de Comunicación.
“ También el PSOE ha encontrado su hueco, aunque menos ancho, en la época de Alierta, con nombramientos como el de Javier de Paz, exsecretario de las Juventudes Socialistas; Javier Nadal, ex director general de Telecomunicaciones, o Narcís Serra, exvicepresidente del Gobierno ” Pero si estos nombres resultan llamativos, aún más lo han sido los de Eduardo Zaplana, cuya única labor conocida para Telefónica no fue dentro de la teleco sino cuando le firmó el ERE de 15.000 empleados siendo ministro de Trabajo, y sobre todo el de Rodrigo Rato. Alierta lo fichó como asesor internacional en enero de 2013, cuando ya había sido imputado por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu por el proceso de salida a Bolsa de Bankia. Ese fichaje es la causa de la imputación de la compañía, adelantada por El Español un día después de anunciarse la salida de Alierta.
También el PSOE ha encontrado su hueco, aunque menos ancho, en la época de Alierta, con nombramientos como el de Javier de Paz, exsecretario de las Juventudes Socialistas; Javier Nadal, ex director general de Telecomunicaciones, o Narcís Serra, exvicepresidente del Gobierno e imputado por su gestión al frente de Catalunya Caixa. El último y sonoro fichaje socialista ha sido el de Trinidad Jiménez, cuyo paso a Telefónica fue negado una y otra vez por el candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, agarrándose a que no se iba al consejo (ha fichado como asesora) y no se había ido aún (tuvo la deferencia de esperar a que hubieran pasado las elecciones). En el PSOE, aseguran diversas fuentes, hubo quien, dentro de la vieja guardia socialista, pidió, por no decir exigió, la cabeza de Alierta al llegar Rodríguez Zapatero a la Moncloa. No fue el estilo de ese Ejecutivo quitar y poner piezas a esas alturas. Se mantuvo Alierta como lo hizo otro de los que se dijo que podían caer con el desembarco del nuevo gobierno: Francisco González, presidente del BBVA.
Respecto a la Casa Real, con cuyo antiguo jefe, el rey emérito Juan Carlos I, tan buenas relaciones guardaba Alierta, Telefónica, que en estos tres lustros siempre ha parecido salir al rescate de los símbolos del sistema, contrataba a Iñaki Urdangarín como consejero y presidente de la Comisión de Asuntos Públicos de Telefónica en Latinoamérica y EE.UU. a mediados de 2009, permitiendo a los duques de Palma desplazarse al otro lado del charco, lejos de los focos que estaban a punto de encenderse sobre ellos en el marco de la investigación del caso Nóos.
A pesar de estos fichajes tan sonados, dicen fuentes de la compañía que no es ahí, en los puestos de renombre, donde hay que mirar para encontrarse al mayor número de exmiembros de la política española, sino en los puestos intermedios con apellidos mucho menos mediáticos.
La puerta giratoria es marca Alierta y si su paso por la teleco ha supuesto el mayor impulso a su internacionalización, con presencia actualmente en más de veinte países y 322 millones de clientes, se ha llevado su estilo de fichar en la política allí donde ha ido. Por poner algunos ejemplos, para Telefónica en Brasil fichó a Luiz Fernando Furlan, nombrado posteriormente ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior en el Gobierno de Lula da Silva y nombrado de vuelta como consejero de Telefónica en 2008. Hasta mayo de 2015, cuando fue nombrado presidente de la filial de Brasil Amos Genish, ocupaba ese cargo Antonio Carlos Valente da Silva, exmiembro del comité directivo de la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) y quien antes del cargo en Brasil fue presidente de Telefónica en Perú. En México, Alierta nombró como presidente de la filial de Telefónica a Francisco Gil Díaz, que no sólo había sido secretario de Hacienda con el Gobierno de Vicente Fox sino que rivalizaba con el que fue tantos años enemigo número uno de Alierta, el magnate Carlos Slim, tras haberse visto obligado a vender su empresa de telecomunicaciones Avantel en el año 2000.
“ La puerta giratoria es marca Alierta y si su paso por la teleco ha supuesto el mayor impulso a su internacionalización, con presencia actualmente en más de veinte países y 322 millones de clientes, se ha llevado su estilo de fichar en la política allí donde ha ido ” El empeño en rivalizar con Carlos Slim se ha cruzado en no pocas de las operaciones de Telefónica en la época de Alierta. El empresario español tiraba de chequera allí donde sonase que iba a entrar el mexicano, incluido el complicado mercado italiano, donde entró tras meses de rumores de la compra de Telecom Italia por Slim. Tras años de lucha, Telefónica terminaba por salir del capital de Telecom Italia en 2014.
Fue curioso ver a Alierta en octubre de 2015, en una charla en A Coruña moderada por Juan Luis Cebrián, en la que participaba también Carlos Slim, tratar de empatizar con el que fuera su gran rival para sacar a la palestra una vez más a sus enemigos más nombrados de los últimos tiempos, los OTT (over the top, o proveedores de servicios de Internet) como Google, Whatsapp, etc. Los tiempos cambian, los enemigos también. Y en esa charla en la que Alierta pareció mucho más desatado de lo habitual (ver vídeo aquí), se sentaba otro de los grandes protagonistas de su historia: Cebrián.
El golpe mediático
La noche del 8 de mayo de 2008, el reducido equipo de cinco personas que tomaba las grandes decisiones de Telefónica, incluido Alierta, apostaba por una operación que cambiaría el panorama mediático español. PRISA había decidido meses antes lanzar una OPA (una oferta de adquisición) a 28 euros por acción para hacerse con el control total de su filial Sogecable, de la que ya tenía el 50,07%. En la cabeza del hombre que ideó la operación, Juan Luis Cebrián, no se planteaba en ningún momento que Telefónica acudiría a la misma. Por eso y porque la normativa bursátil obliga a tener el capital dotado por la totalidad de las acciones a las que se dirige la oferta, cubrió la participación de Telefónica con un crédito puente con condiciones draconianas que pensaba devolver por no haber sido necesario su uso una vez finalizase la OPA. Pero la noche antes de vencer el plazo para acudir a la oferta aquellas cinco personas decidieron que Telefónica sí acudiría, y vendería su 16,79% obligando a PRISA a utilizar el crédito puente. Dicen que Cebrián tiró de todos los hilos que encontró a mano para evitarlo pero no sirvió de nada. Alierta había hecho una de sus grandes jugadas. Los vaivenes de PRISA tienen mucho que ver con lo que pasó entonces, en los albores del estallido de la crisis. Su lucha por conseguir la refinanciación del crédito puente, los cambios en su accionariado y la entrada en el mismo de la propia Telefónica son los lodos de aquellos barros.
La marcha
“ La noche antes de vencer el plazo para acudir a la oferta aquellas cinco personas decidieron que Telefónica sí acudiría, y vendería su 16,79% obligando a PRISA a utilizar el crédito puente. Dicen que Cebrián tiró de todos los hilos que encontró a mano para evitarlo pero no sirvió de nada ” La parte más humana de Alierta ha sido ensalzada por todos los que lo han tratado por la devoción con que cuidó a su mujer en sus últimos años durante su lucha contra el cáncer. Su fallecimiento transformó a Alierta en otra persona. Hace unos meses, un político que acababa de reunirse con él para comentarle las líneas del programa económico de su partido para las elecciones generales se confesaba impresionado por cómo había afectado al presidente de Telefónica la muerte de su esposa.
“Alierta es un buen hombre, estoy convencido, muy listo, muy directo, muy maño”, dice un exministro que lo trató durante años. “Muy personalista en su gestión, incapaz durante años de romper los vínculos con la política pero un buen hombre”, insiste. Y destaca que ha sido una gran idea dejar atada su sucesión al abrigo de dedazos de gobiernos de turno por una vez en la historia de Telefónica, ahora que la política está tan revuelta.
Pero las cosas cambian día a día en esta España que ya no es en la que nació, creció y prosperó, y Alierta ha descubierto que la nueva guerra ya no es para él. Sus antiguos compañeros en las mesas del poder van desapareciendo de la foto. Falleció Emilio Botín, el rey Juan Carlos abdicó, nadie sabe a qué oídos habrá que susurrar medidas económicas en los próximos meses como hicieron Alierta y el resto de la primera plana del empresariado español desde el Consejo Empresarial de la Competitividad (un lobby en toda regla hoy apagado) durante la crisis.
El consejo de Telefónica exige un remozado a fondo si de verdad quiere entrar en la era digital. La presencia en el consejo de los grandes allegados de Alierta, aunque figuren como independientes o externos, como Alfonso Ferrari (74 años), Carlos Colomer (71 años) o Gonzalo Hinojosa (70 años) no puede prolongarse mucho más. Tampoco la escasa presencia de mujeres. Solo ocupa puesto de consejera Eva Castillo, cuando la intención es que en 2020 las consejeras representen al menos el 30% de los puestos de las cotizadas.
Ni se va del todo ni se va de vacío. Seguirá como consejero y al frente de la Fundación y con proyectos como la Fundación Profuturo, en la que ha implicado a su amigo el papa Francisco, al que visitó personalmente en el Vaticano para anunciarle su decisión de dimitir. Alierta conoce al jefe de la Iglesia Católica gracias a su amigo de la juventud Luis Blasco, que siendo presidente de Telefónica Argentina los presentó hace ahora ocho años.
La generosidad de Telefónica a través del dividendo, muy por encima de otras telecos a pesar de su abultada deuda (49.921, cerca de cinco puntos del PIB nacional), ha revertido con fuerza en el patrimonio de Alierta, propietario de más de 50 millones de euros en acciones de la compañía. Además, se marcha con una jubilación de 35,5 millones de euros, pactada en julio de 2014 a cambio de eliminar su blindaje."
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